El balconcito discreto que nos hace mejores
Es una tarea circular. El corazón se endurece, nos resabiamos y vamos de expertos por la vida. Después todo se va ablandando, la mirada se hace tierna, volvemos a sabernos ignorantes. Ese debería ser el trabajo como humanos adultos. El regresar. Regresar a la inocencia. A la capacidad de ver sin juzgar. A sacarnos de encima esa capa de ideas plomizas que nos vuelven imbéciles al pasar de barro a costra.
El espanto especulante y miope que es una ciudad como Auria deja de ocupar toda la escena y nuestro organismo se regala entonces de nuevas presencias que vienen a rescatar la mirada y también el alma.
Esto sucede con las personas y con la vida. También con las ciudades. Aunque a veces estemos cansados de todo y no dejemos lugar para la sorpresa, cuando cada barrio, cada plaza, cada esquina conocida parezca no traer nada nuevo, hay que invocar la magia verdadera, la que permite ver las cosas como si........
