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Sal a la calle si tienes huevos

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15.03.2026

En unos días se han muerto dos periodistas de letras capitulares: Fernando Ónega (“soy gallego y periodista, no sé en qué orden) y Raúl del Pozo (“la muerte es una mala decisión de los humanos”). El oficio entierra con honores a quienes han iluminado con sabiduría la penumbra de la actualidad. Se han ido con todos los reconocimientos a título póstumo, como es costumbre. Hay quien en la profesión espera fallecer para que se le haga un sentido obituario con la esperanza de recrearse en la lisonja, pero los panegíricos no traspasan la mortalidad.

Con una generación de periodistas se escapa también una forma de contar las cosas, periclitada ya por las exigencias de estos mundos, polarizada por el interés político y cebada por medios que sustituyen opinión por activismo. En provincias nos dan cavadas las trincheras. Todo es Madrid. Todo es Santiago también, como si lo local fuese género menor. Los complejos del gremio, que también existen, suspiran por las palabras escritas extramuros. Nosotros, tan gallegos, pocas veces hemos presumido de que un texto é da casa, como los grelos y los chorizos. Del Pozo ("el Paco de Lucía de los columnistas", como le bautizó Jesús Quintero) cultivó como nadie el reporterismo. Se bebió los grandes acontecimientos mundiales, pero también publicó reportajes sobre ratas en Madrid, su bautismo en el diario Pueblo. Nadie hubiese dado un duro por él si se quedase en su Cuenca natal. La calle en Ourense espera por sus periodistas, no digamos por sus políticos. Sal a la calle si tienes huevos, habría que decirles a ambos, como invitación, no como amenaza. Esta profesión parece que........

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