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Ofensiva final contra Madrid para liquidar a Ayuso

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19.02.2026

Pedro Sánchez va a por todas. En Moncloa han dado orden de ir a por Madrid y el órdago será a la grande. La comunidad gobernada por Isabel Díaz Ayuso es estratégica para asegurarse el control del resto de España y el presidente lo sabe. Lo supo ya, de hecho, cuando llegó al cargo, allá por 2018, ordenando entonces una ofensiva sin precedentes que terminó siempre en fracaso, y ahora irá a más. Ocho años seguidos de humillaciones constantes han hecho mella en la moral del socialcomunismo pero, inasequibles al desaliento, Pedro Sánchez y sus huestes han decidido sacar toda la artillería porque esta vez se la juegan de verdad. Sin medias tintas. La nueva ofensiva abarca infinitas acciones. Mediáticas, judiciales y hasta legales. Lo del novio truncado por el patinazo del fiscal general del Estado fue el aperitivo. Lo de la pandemia y los estados de alarma ad hoc, tras calificar a la capital de bomba vírica, también. Hay que dar la sensación de que Díaz Ayuso es un desastre y de que con ella todo funciona mal. Aunque sea mentira, que lo es. Entran aquí los fallos en Cercanías y la falta de vivienda. En el imaginario socialcomunista prevalece la tesis de que los ciudadanos no entienden de competencias, ni de a quién les competen. Se trata de volcar la ira sobre la Comunidad aunque el responsable de los retrasos en los trenes sea realmente el inefable e incompetente Óscar Puente y la culpable de que no haya casas en venta y los precios suban y suban sea Isabel Rodríguez. Algún día alguien deberá explicar qué méritos han hecho para ser ministros. La ofensiva incluye también, obviamente, la Sanidad. Al plúmbeo Óscar López, más conocido en los cenáculos madrileños como Óscar Plómez, no se le ha ocurrido otra cosa, qué imaginación la suya, que inundar las calles de afines clamando contra la privatización, como si los socios catalanes del PSOE y los propios socialistas catalanes no utilizaran la colaboración público-privada en la atención de los enfermos, como si Ceuta y Melilla, dependientes del Ministerio de Sanidad, no externalizasen servicios médicos, o como si el propio Gobierno no hubiera echado mano de compañías privadas para cubrir necesidades elementales que bien podría resolver lo público. La marioneta utilizada para tan burdo como manido ataque es Mónica García, una de las lacayas mayores del reino, aspirante a todo y coleccionista de fracasos allá por donde pasa. Si el relevo de Yolanda Díaz pasa por su figura den por muerta definitivamente a la ultraizquierda. La treta pasa por llenar las calles con pancarteros afines y estrangular los servicios públicos en Madrid. Si se asfixia a la sanidad privada, los centros públicos tradicionales colapsarán y la comunidad dejará de ser el territorio que atiende antes a los pacientes y que más rápido les opera. En otras palabras, ya no podría dejar en ridículo al Gobierno socialcomunista en las estadísticas oficiales y los ciudadanos se enfadarían. Fue un poco lo que se intentó hacer con Muface pero a escala global. Si a los recursos de Madrid se les resta la aportación de la privada y, además, se les sobrecarga de pacientes –ojo a la regularización– la saturación está asegurada y los votos dejarán de acompañar a Díaz Ayuso, la verdadera piedra en el zapato de Sánchez, y la primera que desenmascaró quién era realmente el presidente que hoy abochorna hasta a los propios socialistas de bien, que los hay.


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