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¿No a la guerra?

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06.03.2026

Llegaba yo a Madrid pletórica este lunes, con el ánimo en lo más alto, procedente de un 28F familiar y luminoso. En un pasillo de la tele, de camino a su plató, de repente Sonsoles me sorprendió con un abrazo espontáneo y cálido, como es ella, por la Medalla de Andalucía. Qué cosas tiene la vida. Apenas avanzó la semana y, tristemente, el abrazo se ha repetido en la capilla ardiente de su padre. Y ella, admirablemente entera, me ha recordado lo que ya un día me transmitió: la importancia e incluso la urgencia de abrazar a los nuestros, mientras podamos.

Fernando Ónega ha sido un gigante del periodismo y una excelente persona, por eso una multitud ha arropado a su familia en la Casa de Galicia y, también por eso, todos los que tuvimos la fortuna de cruzarnos con él, conservamos alguna anécdota genuina. No tenía por qué a estas alturas, pero el maestro Ónega estaba siempre pendiente de lo que se hacía en la tele. Y al igual que su hija, él podía felicitarte de pronto, espontáneo y cálido, escribiéndote un mensaje para enmarcar por el datazo de audiencia de tu informativo del día anterior. El más grande y el más humilde, ese era Ónega.

Seguro que estaría siguiendo con sumo interés los acontecimientos en Oriente Próximo y, en particular, la estrategia del Gobierno de Pedro Sánchez frente a la Administración Trump.

Tenemos esta semana a nuestro presidente del Gobierno en modo pacifista, entonando el mismo «no a la guerra» de hace 23 años, rescatando aquel eslogan en un intento de unificar a toda la izquierda. Usando la política internacional para sus propios intereses domésticos. Y enfrente, el mismísimo Donald Trump que, en nombre del petróleo, apoya y promueve los bombardeos israelíes al régimen de los ayatolás iraníes (ojo: que Estados Unidos haya aniquilado al líder supremo Jamenei no significa que quiera restaurar la democracia en el país persa; véase el caso venezolano).

¡Resultan tan similares, en el fondo, las personalidades de Pedro Sánchez y Donald Trump! Lástima que el estadounidense esté al frente de la primera potencia mundial y nosotros, los españoles, tengamos que cumplir, quiera Sánchez o no, con nuestros socios europeos y de la OTAN. Allá va la fragata Cristóbal Colón, con 230 militares, rumbo a Chipre. Llevaremos lo que nos manden a Oriente Próximo, por la cuenta que nos trae. Y crucemos los dedos para que Trump se olvide un poco de nosotros y no ejecute sus amenazas diarias de cortarnos el grifo económico. Cuidado con nuestras empresas, presidente.


© La Razón