Ciudadanía o nostalgia: la lección que la oposición no quiere aprender
Hay una crítica social profunda al periodo de la transición democrática en México.
Es un ánimo que se percibe en las urnas, en las encuestas y en el desgaste simbólico de todo lo que suene a aquella época. El Latinobarómetro muestra que los mexicanos valoran la democracia, pero no necesariamente el modelo que la administró en las últimas décadas. Y ahí está el punto incómodo: no existe un deseo mayoritario de volver a la transición tal como fue.
El modelo transicional tuvo un fuerte componente económico. Hubo apertura, crecimiento, movilidad, emprendimiento. Pero en la vida cotidiana la promesa no terminó de cumplirse. Sí, se ganó más, pero se trabajó más. Sí, hubo vivienda, pero lejos. Sí, hubo oportunidades, pero con precariedad. Sí, hubo crédito, pero con fragilidad y altas tasas de interés. Se modernizó el país, pero no necesariamente se hizo más justo ni más habitable.
Los pendientes de Marx
En lo político ocurrió una confusión mayor: se equiparó democracia con elecciones. Se asumió que alternancia y voto periódico bastaban. La cosa pública quedó en manos de élites políticas que, cuando sintieron que la ciudadanización implicaba más crítica y más exigencia, prefirieron administrar el poder antes que compartirlo, es decir, la transición no ciudadanizó lo suficiente.
Y cuando el ciudadano fue empujado a........
