Hermanas, las feministas os han estafado
Hermanas, os han estafado. Hubo un día en que nos prometían que el feminismo nos haría mejores y, sin embargo, lo único que se ha conseguido es que los jóvenes (también las mujeres, o sea, las jóvenas, según el viejuno gazapo de la feminista clásica Carmen Calvo) abominen de un movimiento que se tornó en bastardo y políticamente abominable. Unir el necesario derecho transversal a la igualdad con una amalgama de lucha anticapitalista con un llamamiento a castrar a todos los hombres por el hecho de serlo nos ha llevado a este momento pánico. Hoy veremos en las manifestaciones que lo importante no será la reivindicación para que Ábalos no alterne con señoritas con dinero público o para que señoros como Salazar no campen por las Moncloas. La pancarta de «No a los Salazar» se cambiará por la de «No a la guerra», esa brutalidad en la que mueren, sobre todo, hombres. ¡Para cuándo la paridad en el campo de batalla!
Las putas tristes, y las alegres, siguen acunándose (y acunando) en las barras de los lupanares caros y los baratos, ajenas a los discursos de las Irenes Monteros que han hecho del feminismo un lugar tan ideológico que diríase un mitin o un mensaje en el Tinder para gente de izquierdas. Con lo bien que sienta un polvo sin adjetivos.
El 8-M no es un día para que las mujeres, todas las mujeres, y los hombres, griten por una sociedad justa en la que el poder no se mida por el largo de la falda o de la bragueta, sino para fotografiarse ante la espeluznante barricada de los grandes «hits» de lo que mola. Hoy es el pacifismo. No les importan las mujeres, sino la propaganda.
Tremendas contradicciones. Veamos. Las mujeres iraníes estarán muy agradecidas a esta izquierda rancia por el bien que les hace la paz. Las mujeres feministas de derechas no importan, son mujeres incompletas, personas que han nacido en un cerebro equivocado. Como los gais del PP, una anomalía: el invento monstruoso de un Frankenstein contemporáneo. El feminismo, especialmente el de la ultimísima ola, ha conseguido que los niños quieran estar con los niños y las niñas con las niñas porque se ven como una amenaza en el patio del colegio.
Todo este fracaso no consigue que los promotores/as de este desvarío pidan perdón o cambien de estrategia. Lo contrario. Desean que todos nos apuntemos a un curso para ser aliades. La opinión contraria será tildada de machista o, mucho mejor aún, de fascista. Aquí tenéis a uno.
