Jaime Sabines
Hoy escribo desde ese fondo donde la poesía dejó de ser un adorno y se convirtió en una herida. Y en ese fondo, inevitablemente, aparece un nombre: Jaime Sabines. Llegué a Sabines por accidente, o mejor dicho, por un “golpe de poesía”. Tenía poco más de veinte años cuando, en casa de mi abuela, tiré sin querer un libro de un viejo librero. Cayó abierto, como si supiera lo que hacía, en un poema que decía: “No es que muera de amor, muero de ti, amor, de amor de ti”. Ese instante fue una revelación. Porque en ese momento entendí que la poesía no era aquello que me habían enseñado a recitar los lunes en los homenajes a la Bandera. No eran las rimas acartonadas ni las odas en la boca de declamadores impostados. La poesía, descubrí, podía ser otra cosa: un animal vivo. Y Sabines era ese animal. Un animal lento, oscuro,........
