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Elecciones a doble vuelta

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10.03.2026

Lo que ha ocurrido en Extremadura demuestra la razón que tuvo Charles De Gaulle cuando, consciente de la ingobernabilidad de la IV República francesa, decidió establecer para la V República el sistema electoral a doble vuelta. Se dio cuenta el general, que era imprescindible evadirse de un sistema que derivaba a veces en la coacción, a menudo en el abierto chantaje, casi siempre en la supervaloración de los pequeños partidos. La fragilidad de los sistemas electorales europeos condujo al establecimiento de la ley D’Hondt. Se premiaba al partido ganador con los restos del voto popular para permitir la gobernabilidad. La experiencia ha demostrado que esta ley resulta insuficiente. Pero la corrección griega –50 diputados de regalo al vencedor– tal vez haya sido excesiva. Los expertos consideran que es más eficaz el sistema a doble vuelta, en cualquier de sus modalidades.

La candidata María Guardiola superó el 43% del voto popular en las elecciones extremeñas, a pesar de lo cual ha sido revolcada por dos veces en la designación presidencial. Si lo fuera por tercera, deberán celebrarse nuevas elecciones en los próximos meses. Y podría volver a repetirse la situación.

Existen varias fórmulas para evitar semejante disparate democrático. La que parece más aceptable es la doble vuelta. La repetición de elecciones obligaría a la ciudadanía a elegir solo entre los dos primeros partidos. A muchos expertos les parece más justo que se mantengan los diputados elegidos en primera elección y que la segunda vuelta electoral se reduzca simplemente a decidir entre los presidentes de los dos partidos con más votos. Son muchos los que piensan que la doble vuelta resultaría más eficaz si comprende a todos. De lo que se trata, en todo caso, es de evitar coacciones abrumadoras o chantajes inaceptables.

La modificación del sistema electoral se ha convertido en la gran asignatura pendiente cuando se habla sobre la reforma de la Constitución de 1978. El tiempo ha demostrado, y no solo en Extremadura, la fragilidad del sistema. Resulta obligado tomar las medidas adecuadas, como hizo De Gaulle, y si fuera posible mejorarlas. Si no se hace lo que la realidad exige, terminará por resquebrajarse la entera democracia pluralista.

Luis María Anson, de la Real Academia Española


© La Razón