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El «no acepto» de Don Juan al dictador

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31.03.2026

En 1942, el dictador Francisco Franco se dio cuenta de que el éxito militar alemán en Europa se resquebrajaba y que los aliados contaban con el hijo heredero de Alfonso XIII para el futuro de España. Así es que ofreció a Don Juan III, palacio, presupuesto del Estado, Casa Civil, Casa Militar y protocolo preferente. El 16 de mayo de 1942, le escribió de puño y letra, sí, de puño y letra, una extensa carta de 32 holandesas, que yo reproduje íntegra en mi libro Don Juan. Terminaba así: «Es mi ilusión que no tarde en coronarla para poder ofreceros en ese día con la Jefatura total del Pueblo y sus Ejércitos el entronque con aquella Monarquía totalitaria que sólo por serlo vio dilatarse sus tierras y sus mares. Francisco Franco, Madrid, 12 de mayo de 1942».

Don Juan consultó con sus consejeros, sobre todo con José María Gil Robles, Pedro Sainz Rodríguez y Eugenio Vegas Latapié. Los tres le insistieron que sólo se comprometiera con Londres y Washington y que hiciera frente a Franco. La respuesta del Rey de derecho de España al dictador fue concluyente: «No acepto».

Don Juan evitó caer en la seductora trampa de Franco que lo que pretendía era tenerle dominado en España. No se equivocaba Don Juan al rechazar la oferta franquista. En febrero de 1945, los aliados reunidos en Yalta decidieron la restauración de la Monarquía en España encabezada por Don Juan de Borbón, al que solo exigieron un «manifiesto condenando el régimen totalitario del general Franco». El 14 de marzo de ese año 1945, Don Juan, de acuerdo con la Reina madre Victoria Eugenia y con sus consejeros privados, hizo público el Manifiesto que le exigían los aliados. El fallecimiento de Roosevelt el 12 de abril desbarató aquella operación y modificó la Historia.

Desde la muerte de Don Juan, el 1 abril de 1993, he dedicado todos los años, y sin faltar uno solo, un artículo al recuerdo de aquel hombre que se enfrentó al dictador en defensa de una Monarquía que devolviera al pueblo español la soberanía nacional secuestrada en 1939 por el Ejército vencedor de la guerra incivil. Y hasta la pandemia Covid, cada primero de abril le llevé, en compañía del socialista Luis Reverter, las flores rojas y amarillas que tanto le agradaban y que deposité, año tras año, ante su sarcófago en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial.


© La Razón