Gobernar la Luna
Cuando mencionamos “gobernar la Luna” muchas veces nos viramos en las noches para nuestro astro vecino —cuasi cual Adán, de “costilla” nuestra— y no importa cual sea la que veamos: la Nueva (el Novilunio), la Creciente, la Llena (o Plenilunio) o la Menguante, y, a veces, nos pensamos viviendo y hasta gobernados allá, arriba, como Sanchos en la Barataria, en “terrenal apoteosis en circunstancias tan graciosas y ridículas como extraordinarias” (Avalle Arce) y “lugar de la fantasía utópica y de la geografía mítica” (Hernández de la Fuente).
Ya Luciano de Samosata en el siglo II dC dentro de un torbellino nos llevó en Historia verdadera a las batallas del rey de la Luna (dando con ello testimonio de su selénico gobierno) y el rey del Sol por colonizar la Estrella de la Mañana (la que llamamos Venus) para continuar el viajero, como Jonás, engullido en la panza de una ballena; pero como entonces también había primeras con segundas, Luciano volvió luego al tema de las visitas lunares con Icaromenipo.
Otra narración de visitantes fue la del príncipe Astolfo en el........
