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Empantanado en Ormuz

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31.03.2026

Donald Trump siempre dijo que su guerra no era contra Biden o Harris, sino contra lo que él denominaba El Pantano, o sea, el «Deep-state» o Estado Profundo, una suerte de Estado dentro del Estado al que ningún gobernante debería presentar batalla so pena de correr la suerte de Lincoln o Kennedy. Aseguraba el entonces candidato en sus soflamas que el Pantano intentó asesinarle en Pensilvania, y que el tamaño de la ciénaga es tal que ocupa buena parte de las cloacas de la CIA y el FBI, con ramificaciones en la Judicatura, la Reserva Federal, los grandes Fondos, las tecnológicas, la industria militar y corporaciones propietarias de Agencias, Redes y Medios, una de cuyas cabezas más visibles, en el Partido Demócrata, es el megamillonario amigo de Sánchez, George Soros. Sería el Pantano una hidra con mil cabezas capaz de operaciones de todo tipo, siendo su principal objetivo el de seducir al presidente de EE.UU, para que gobierne según sus intereses. Solo que si quien habita la Casa Blanca no se deja, hay entonces que ponerle trampas para desactivarle, de manera que no tenga capacidad de resolver las situaciones por sí mismo, y deba acudir al auxilio del Pantano.

El denominado «maga auténtico», o sea, los dirigentes originales del movimiento «America First» (Vance, Taylor Greene, Steve Bannon o Tucker Carlson, etc.), opuestos al «republicanismo neocon» (Lindsey Graham o Marco Rubio, entre Otro’s), no están contentos con la guerra de Irán y piensan que Trump picó el cebo del Pantano para meterle en la ratonera de Ormuz, de la que no sabe cómo salir. Si no hace nada y se retira, malo porque dará la sensación de que ha perdido y el régimen de Teherán seguirá controlando el Estrecho por el que circula el 20 por ciento del petróleo mundial. Si toma una isla como Jart, lo que sería fácil para el Ejército estadounidense, tendría después el problema de cómo mantenerla y abastecer a las tropas americanas allí establecidas, rodeadas de guerrillas persas por todas partes. La invasión terrestre a gran-escala parece un suicidio, igual que opciones impensables como las armas NBQ o nucleares.

Le queda negociar con los ayatolás, que es lo que está intentando hacer, para lograr un acuerdo «bueno para todos», que le permita decir que ha ganado la guerra e irse, y a la teocracia que ha derrotado al anglo-sionismo y quedarse. Eso significa no acabar con el régimen, lo que no gusta nada a Netanyahu, sólo que la presión de la opinión pública americana, así como del sector Maga-Verdadero es tal, que a estas alturas lo único que quiere Trump es poner fin a la pesadilla y salir del avispero cuanto antes.

El problema de la negociación es que la Guardia Revolucionaria no se fía de Trump, por entender que les ha engañado dos veces. La primera, según ellos, durante el primer mandato del republicano, cuando asesinó al general iraní Qasem Soleimani en Bagdad aprovechando que le tenían localizado para una negociación sobre Irak. La segunda, porque dice la teocracia que mataron a Jamenei en medio de las conversaciones para el desarme nuclear iraní.

Sin aliados europeos, con los «maga-auténticos» y la opinión pública en contra, con una crisis petrolera de consecuencias incalculables, la realidad es que Trump está hoy más «empantanado» que nunca.


© La Razón