La coartada pacifista y América Latina
Hacia 1970, Golda Meir, primera ministra israelí, formuló una pregunta demoledora: por qué, en nombre de la paz, se exigía al Estado judío replegarse a las líneas anteriores a la Guerra de los Seis Días, de junio de 1967, cuando Gaza estaba bajo control egipcio y Cisjordania en manos jordanas. Si esas eran, en verdad, las líneas de la paz, añadía, por qué entonces la coalición árabe se aprestaba a invadir a Israel. Lo que estaba en juego no era, por tanto, un mero litigio territorial, sino el rechazo profundo a su sola existencia, cualquiera fuese el trazado de sus fronteras.
Así, aunque Israel y Estados Unidos puedan tener razón estratégica e histórica, suelen pagar un alto costo político no solo por defenderse, sino por hacerlo sin el beneficio moral que la época reserva a ciertas causas y niega a otras. Deben enfrentar a enemigos a quienes no pocos activistas occidentales de indignación selectiva dispensan una indulgencia que jamás concederían al adversario equivocado.
Hay, además, una razón narrativa para esa asimetría. Es cierto que resulta más fácil oponerse a la guerra porque es visible y cruel, y por eso se deja leer con facilidad como abuso del fuerte, del Imperio. Pero resulta revelador que esa misma sensibilidad tolere, sin mayor sobresalto, la ejecución de tres mil —o de treinta mil— opositores, los........
