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El quiebre del exportador de fracasos

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12.02.2026

Se le veía desorientado, con emotividad mal contenida, como la conciencia inconfesada de quien preside un sistema que ha perdido la fe en sí mismo. No era el gesto adusto del sitiado ni la frialdad del administrador del declive; era la perplejidad del que no consigue ordenar el relato.

Ese fue el quiebre histórico, casi obsceno, en la liturgia de los 67 años del poder revolucionario cubano que se evidenció en la comparecencia pública del presidente Miguel Díaz-Canel el pasado 5 de febrero. Lo hizo para informar sobre la grave situación económica y social que atraviesa la isla, la crisis energética y el desabastecimiento.

Esta vez, el lenguaje corporal de Díaz-Canel lo traicionó. Microgestos de inseguridad y un fraseo sin pulso, propios del heredero de un tiempo histórico agotado, que enumeraba temas sin jerarquía ni épica. El contraste es elocuente. Durante el Período Especial de 1990–1994, Fidel Castro conservó el control narrativo y convirtió la catástrofe en sacrificio redentor. Raúl Castro, más sobrio, admitía límites e ineficiencias desde la aritmética del burócrata-militar que aún confiaba en el mando.

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No se trata de un ademán de apertura, sino del desmoronamiento implícito de una autocracia que, en tono dulcificado, habla ahora de diálogo sin........

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