El dolor del país más futbolero del mundo
Claro que dolió. Y dolió mucho. Dolió porque México tuvo contra las cuerdas a una de las grandes potencias históricas del futbol mundial. Dolió porque jugó de tú a tú, porque durante largos lapsos fue mejor que Inglaterra, porque era nuestro Mundial, nuestro estadio y nuestra gente. Pero, visto con serenidad, México terminó ganando mucho más de lo que perdió.
A veces las derrotas, como la del domingo en el Estadio Azteca, revelan con mayor claridad el tamaño de una nación que algunas victorias. Y mientras millones de mexicanos en todo el país asimilaban el descalabro, mientras reivindicaban su orgullo por el papel de sus seleccionados comenzaron a desfilar los verdugos de siempre.
Y desde la comodidad de un micrófono o detrás de una libreta comenzaron a repartir culpas: que si Javier Aguirre se equivocó en los cambios, que si faltaron variantes, que si salió Quiñones, que si debió entrar “La Hormiga”, que los directivos... La cultura de encontrar culpables volvió a imponerse sobre la obligación de entender lo ocurrido dentro y fuera de la cancha.
De vuelta al México real
Es mucho más sencillo dictar sentencias que explicar un partido que se decidió por detalles. Porque el análisis exige conocimiento; el linchamiento apenas requiere saliva. Bastó un momento de distracción para que Inglaterra hiciera valer décadas de experiencia competitiva. Aun así, nunca dejó de sentirse acosada por un equipo mexicano que la obligó a defenderse hasta el último minuto... dieron la vida ante los embates, una y otra vez, de los........
