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Clasismo y la Corte

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28.01.2026

Durante la Revolución Francesa, la libertad de expresión fue elevada a principio fundacional del nuevo orden.

Sin embargo, en la práctica, esa libertad estaba reservada a una élite ilustrada que se asumía moral y culturalmente superior. Los ciudadanos que provenían de sectores populares, muchos de ellos hablantes de dialectos regionales y no del francés “correcto”, eran objeto de burla, exclusión y desdén. No se les cuestionaba por lo que decían, sino por “quienes eran”. Hablar distinto equivalía a pensar distinto, y pensar distinto era motivo suficiente para descalificar. Así, la libertad dejó de ser un derecho universal y se convirtió en una herramienta para marcar jerarquías, para decidir quién podía opinar con legitimidad y quién debía limitarse a obedecer.

En México, algo muy parecido ocurre hoy con el Poder Judicial. No se trata de estar a favor o en contra de la reforma, ni del método de elección, ni........

© La Razón