Semana Santa: lo que fue y lo que es
Dice la prédica popular que “todo tiempo pasado fue mejor”, aseveración muy genérica y por supuesto no cierta ya que algunas cosas habrán empeorado y otras mejorado.
Uno de los temas a reflexionar en estos días de Semana Santa, es si la religiosidad cristiana ha ido en aumento o está en descenso. Por lo menos en estos días y, sin temor a equivocarnos, podemos decir que no ha mejorado y que más se respira “mundanidad” que “religiosidad”.
En efecto, antiguamente -y tenemos suficientes años para haberlo vivido- en Semana Santa había recogimiento, nuestros padres no dejaban ir a misa en los domingos de tiempo de Cuaresma, el Domingo de Ramos había especial espiritualidad y los creyentes hacían bendecir sus ramos y, los días propios de Semana Santa se tenía el debido cuidado para no ingerir carne que era sustituida por el ya famoso bacalao. Las damas, en esos tiempos lejanos, usaban mantilla para concurrir a diversas iglesias haciendo las famosas “estaciones” y rindiendo culto a nuestro Señor Jesúcristo. Muy pocos se perdían el “Sermón de las Tres Horas” como tampoco la homilía del obispo de su jurisdicción.
Desde niños se nos inculcaba el sentido de la “Semana Santa” con los sufrimientos de Jesús hasta ser vilmente crucificado -entre dos ladrones- para la redención de la humanidad, hasta ser resucitado al tercer día, celebrándose la denominada Pascua de Resurrección.
Las personas que aprovechaban los días de Semana Santa para ir a provincias, principalmente lo hacían para asistir a las procesiones que se realizaban en las respectivas localidades, especialmente en Ayacucho, en que las hermandades y otras colectividades religiosas pudiesen preparar en las calles las alfombras de flores para el paso del “Señor crucificado”.
Había también algunas cosas que, si bien de religiosidad no tenían nada o muy poco, en que se podía espectar como lugareños en Chancay, en la procesión de Semana Santa, acariciaban la quijada del asno sobre el cual iba la imagen del Señor Jesús para luego santiguarse. Esto lo apreciábamos en nuestras épocas universitarias en que Juan Bautista Bardeli nos invitaba en ésas festividades a su fundo en Chancay.
En la Semana Santa era inverosímil que hubieran discotecas abiertas y otros lugares de diversión, la música que se escuchaba en radios y aún en las incipientes televisoras, era música sacra o por lo menos música clásica, al igual que en los intermedios de los cines, en que las películas que se exhibían eran por lo general “Vida, pasión y muerte de Jesús”, “Los diez mandamientos” y “Ben Hur” entre otras similares.
Como podemos observar hay un retroceso, cuando lo que se requiere es que exista respeto a la religiosidad de los creyentes, como también moderar otras actividades de esparcimiento que no perturben las tradiciones cristianas. Como dice el refrán sobre la vela: “Ni tan cerca que queme al Santo, ni tan lejos que no lo alumbre”.
