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Sentarse en el sillón correcto de la historia

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11.03.2026

Todo son fatigas para la apicultura española. A las importaciones de China, Uruguay y Ucrania, que tiran los precios; a las exigencias fitosanitarias de la burocracia europea; a la falsificación pura y dura con azúcares de fabricantes extranjeros sin escrúpulos; a la mortandad que causan entre las abejas especies exóticas como los avispones; a la pérdida de fuentes de alimentación por los incendios forestales y a los impuestos que suben los costes de producción, hay que sumarles, ahora, la excentricidad de un clima que pasa de la sequía a la inundación sin despeinarse. Los apicultores españoles, que son los que más colmenas trabajan de toda la Unión Europea, demandan no tanto más ayudas comunitarias como una racionalización de las normas y que éstas afecten a todos, incluidos los exportadores foráneos. Pero si quieres arroz, Catalina. De ahí que haya que tirar de imaginación y, sobre todo, de las enormes posibilidades que abren las leyes cuando los progres están en el machito, legislando y tal. Así, un exconcejal del PSOE en Carrión de los Condes (Palencia), Manuel Garrido, apicultor, que cultiva y envasa una miel, «Miel el Camino», con premios internacionales, decidió el pasado mes de diciembre registrarse oficialmente como mujer, sin cambiar de aspecto ni de nombre, por supuesto, con el objetivo confeso de «elegir el sillón mejor» y, de paso, a ver si cae una de esas subvenciones que da la PAC, destinada a mujeres apicultoras. Los problemas del sector, que les he expuesto sucintamente, afectan por igual a productores de ambos sexos, pero las ayudas diferencian según el lugar de la historia donde esté el sillón mejor. Nuestro hombre, ahora oficialmente mujer, se ha dado de baja del partido socialista y, tras salir en el «ABC», se ha quejado amargamente de que se politice una decisión que él considera personal y que pretendía que fuera anónima. Va a ser que no. Nada más político que buscar las vueltas a una legislación de locos como la que impulsaron las Belarras, con la Montero como punta de lanza, en la que el cambio registral depende exclusivamente de la voluntad del demandante. Una legislación en la que prima frente a cualquier otra consideración la autopercibición del género, lo que carecería de la menor trascendencia, allá cada uno con sus cosas, sino fuera por los efectos jurídicos que causa en un modelo social que discrimina legalmente al varón (asunto que el Tribunal Constitucional ha dicho que le parece estupendo) y provoca situaciones tan absurdas como la vivida en la central del 112 de Madrid, donde se ha decidido poner vestuarios mixtos, TODOS los vestuarios, porque dos fulanos se han declarado «no binarios», pese a las protestas de los trabajadores. Militares, aspirantes a bomberos, reclusos, opositores varios y deportistas pervierten el espíritu de unas medidas de discriminación positiva que están pensadas para facilitar el acceso de la mujer a profesiones con mayores exigencias físicas, pero lo hacen gracias a que el populismo de la izquierda gobernante, como la estupidez humana, no tiene límites. Trata el PP de corregir este absurdo, algo posible, aunque tendrá que reunir apoyos parlamentarios procedentes de la actual mayoría de investidura. Esperemos que el asunto se retrase lo suficiente para que el bueno de Manuel consiga su subvención europea y le compense un poco el inmenso dolor de haber tenido que darse de baja del PSOE de Sánchez.


© La Razón