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Cuando falta gasolina, sobra hipocresía en el 50-50

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10.03.2026

Hay momentos en los que la paciencia democrática se parece mucho a hacer fila en un surtidor: uno espera, espera… y cuando finalmente llega su turno, resulta que ya no hay gasolina. Eso es exactamente lo que está viviendo Bolivia hoy.

Mientras miles de ciudadanos pasan horas en interminables colas buscando combustible, el gobierno parece estar ocupado en una tarea mucho más urgente: explicar lo inexplicable. Santa Cruz no tiene carburantes. Tiene filas. Filas largas, indignadas, desesperadas. Filas que comienzan de madrugada y terminan al anochecer. Filas que son el verdadero termómetro de un país que observa cómo la ineptitud administrativa se convierte en política pública.

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Entretanto, desde YPFB y el Ministerio de Hidrocarburos intentan convencernos de que el problema no es la gasolina… sino nuestra imaginación. Porque ahora resulta que la gasolina defectuosa que se compró por millones de dólares no era mala; simplemente necesitaba “mejorarse” con aditivos, cuentos técnicos y discursos burocráticos para que los balances cuadren y las responsabilidades desaparezcan.

Un pequeño detalle: en el camino miles de vehículos terminaron dañados y el país cargó con una pérdida millonaria. Pero tranquilos. Aquí no pasa nada.

El presidente, que debería haber destituido hace rato al presidente de YPFB y al ministro responsable, mantiene intacta la estructura que administró este desastre. Y cuando un gobierno protege a quienes cometieron un error de semejante tamaño, la ciudadanía inevitablemente se hace una pregunta incómoda: ¿Es incapacidad… o es encubrimiento?

Mientras tanto, como si las colas de combustible fueran una simple molestia........

© La Razón