Bolivia: cinco años para reinventarse… o para terminar de perderse
Bolivia no votó solamente autoridades subnacionales. Bolivia votó, sin darse cuenta, el prólogo de los próximos cinco años. Y como suele pasar en este país, lo hizo entre la resignación, la rabia contenida y esa peligrosa costumbre de elegir sin terminar de creer.
Porque lo que dejaron estas elecciones no es una lista de ganadores… es un mapa de desgaste. Se cayeron mitos. Se desinflaron liderazgos. Y lo más grave: se confirmó que muchos de los que se creían indispensables… eran perfectamente prescindibles.
Los partidos que alguna vez se creyeron estructuras sólidas hoy son cascarones vacíos. Sellos reciclados, alquilados al mejor postor, donde las siglas pesan menos que el apellido del candidato de turno. Ideología… cero. Convicción… la justa para sobrevivir una elección más. Bolivia entendió tarde que los partidos no murieron por persecución… murieron por mediocridad.
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Y en medio de ese cementerio institucional, el sistema electoral sigue siendo el mismo. El mismo padrón cuestionado, parchado, sospechado… pero convenientemente intocable.
Porque cambiarlo implicaría resetear el juego, y en Bolivia, los que controlan el tablero nunca aceptan empezar de nuevo. Así, el país aprendió a votar sin confiar… y a elegir sin creer.
La política boliviana, especialmente en el eje cruceño, acaba de vivir algo más profundo que una derrota electoral: vivió una pérdida de fe.
Pero no todo es ruina. En las esquinas menos pensadas, lejos del ruido mediático y de los operadores de........
