¿Será suficiente… o ya estamos en liquidación?
Bolivia tiene una curiosa forma de administrar sus tragedias: las convierte en rutina… y cuando la rutina se vuelve insostenible, la resuelve con una renuncia elegante y una carta bien redactada.
Lo de YPFB no es la excepción. Es, más bien, el manual completo de cómo desarmar una empresa estratégica sin que nadie se dé por aludido… hasta que el último en llegar prende la luz y descubre que no solo faltan los muebles, sino también las paredes.
Porque claro, llega un presidente ejecutivo, dura menos que promesa de campaña… y se va dejando una frase que debería encender todas las alarmas: “El deterioro es significativamente mayor de lo previsto”.
Traducido al idioma ciudadano: esto no estaba mal… estaba podrido.
Y lo más fascinante —porque en Bolivia todo lo trágico tiene su cuota de espectáculo— es que el propio protagonista de esta breve gestión nos confirma lo que durante años se negaba con conferencias, powerpoints y discursos patrióticos: que durante dos décadas se construyó una maquinaria perfecta… pero no........
