menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Un viaje de distracción

22 95
20.02.2026

La nueva escapada de Sánchez a la India, donde le pilló hace un año la mortífera dana de Valencia mientras disfrutaba de la excursión con su mujer, busca ahora, en solitario, afianzar su perfil internacional muy desdibujado en Europa y repelido en Estados Unidos e Israel. Pronto viajará por cuarta vez a China, donde lo acogen bien gracias, entre otras cosas, a la mediación y buenos oficios de Zapatero. Cada vez más marginado en las grandes decisiones de la Unión Europea, el presidente del Gobierno español va por libre. Se ha convertido en la nota discordante del concierto. Para unos, da la nota; para otros, necesita hacerse notar. Dentro del país se le multiplican los problemas y el ambiente es menos acogedor aún.

El argumento oficial es que busca alianzas estratégicas, no sólo económicas y tecnológicas, con los dos poderosos gigantes asiáticos para depender menos de la antigua alianza con Estados Unidos, después de ver los desplantes a Europa de Donald Trump, con el que Sánchez mantiene una tirante relación. Pero en Europa y en Estados Unidos empiezan a ver al dirigente español como un visionario, de ideas peligrosas y socios radicales. Su imagen de gobernante originalmente socialdemócrata se deteriora con la reciente descalificación de su persona por Felipe González y con las persistentes noticias de corrupción que le rodean. Las últimas revelaciones de «El Español», procedentes de Koldo García, dando noticia de su fraudulenta elección, falsificando votos y actas, como secretario general del PSOE, y detalles de la familia presidencial en el rescate de Air Europa, son demoledoras.

Pero puede que no contribuya menos a mantener al presidente Sánchez bajo sospecha en las cancillerías occidentales y en la sede de la OTAN el «caso Pegasus», no resuelto, sobre el espionaje al que fue sometido su móvil por Marruecos en 2021 durante una visita a Ceuta. Según «The Objective», un año después, en unas reuniones secretas desarrolladas en Málaga y Marrakech, con participación israelí, Rabat se comprometió a no utilizar el material obtenido y a no volver a manejar sistemas de espionaje como «Pegasus» contra autoridades españolas. ¿Qué ofreció a cambio Pedro Sánchez a Rabat? Nadie lo sabe. Pero unos meses después de este acuerdo secreto, Sánchez firmó la famosa carta a Mohamed VI, sin informar al rey de España ni a las Cortes, por la que España cedía el Sáhara a Marruecos. La duda persiste: ¿Qué contenía el móvil? ¿Sigue el presidente sometido a chantaje? Los viajes asiáticos no nos sacan de dudas, sólo nos distraen un poco.


© La Razón