La hora de la Justicia
En la Moncloa intentan contrarrestar los efectos demoledores del «caso Ábalos», que arranca hoy en el Tribunal Supremo, con la «Operación Kitchen» sobre el espionaje policial a Bárcenas, el antiguo y poco ejemplar tesorero del Partido Popular. El primero afecta de lleno al presidente Sánchez; el segundo corresponde a los tiempos de Rajoy, ampliamente superados y que se cerró con un evidente coste político. Lo de Bárcenas es agua pasada; lo de Ábalos, agua presente y tumultuosa: un torrente turbio capaz de llevarse todo por delante. Es el entorno completo de Pedro Sánchez, tanto político como familiar, el que está llamado a partir de ahora a dar cuentas a la Justicia, empezando por los que le acompañaron en el Peugeot para recuperar el poder en el partido y en el Gobierno. Es inútil disimular la gravedad de la situación con trampantojos.
A la comparecencia de Ábalos y Koldo en el Tribunal Supremo por las mascarillas, sucederán los procesos a Begoña Gómez, la mujer del presidente del Gobierno, acusada de cuatro graves delitos, y su hermano David Sánchez. Seguirán los secretarios de Organización del PSOE, Ábalos y Cerdán, nombrados por Sánchez. Se investigan también, con indicios inquietantes, los sobresueldos en metálico y la posible financiación ilegal del partido y de la Internacional Socialista bajo su mandato, y los oscuros negocios con Venezuela. Hay una larga lista de políticos, funcionarios y empresarios, cerca de un centenar, implicados y llamados a declarar en los tribunales por supuestos actos de corrupción, cuyo volumen superaría, según cálculos fiables, los mil millones de euros, con una petición de 400 a 500 años de cárcel, lo que significa que estamos ante el mayor escándalo de corrupción de la democracia. Es inútil mirar para otra parte y echarle la culpa al vecino para compartir el descrédito y perder menos votos.
Esta es la hora de la Justicia. Tarda, pero siempre llega. No estamos, como algunos dicen, ante la judicialización de la política, sino ante su imprescindible acción de saneamiento. Es el triunfo del Estado de derecho, a pesar de los intentos, de unos y de otros, de politizar la Justicia. La primavera se presenta agitada. La avalancha de causas pendientes amenaza las estructuras mismas del Estado. Cualquier político europeo habría presentado hace tiempo su dimisión con la mitad de casos de corrupción que rodean al actual inquilino de La Moncloa. Esto da pie a muchos a sospechar que Pedro Sánchez resiste en el cargo para evitar su propio procesamiento o para hacer frente, protegido por la coraza del poder, a esa avalancha judicial.
