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El voto del señor Cayo

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03.03.2026

Arranca la campaña electoral en Castilla y León, una de las regiones más extensas y despobladas de Europa, con algo más de 2.400.000 habitantes y una renta per cápita de 31.140 euros, superior a la media nacional que no supera los 27.000. Es una comunidad con el valor añadido de su carácter vertebrador de España y su especial simbolismo histórico. El mundo rural, decadente y envejecido, tiene aún un fuerte peso electoral. Los políticos siguen buscando estos días «el voto del señor Cayo» del gran Delibes. En el campo hay malestar sordo; en los pueblos, que renacen algo con la inmigración -en 2025 la comunidad ganó 17.204 habitantes-, faltan comunicaciones y otros servicios esenciales. Pero ésta es una comunidad tranquila, centrada, sin grandes alteraciones electorales.

Lo que se prevé en estos comicios es que las cosas, con pequeñas variaciones, queden como están. El PP mantendrá la primera posición y estará en condiciones de seguir gobernando en solitario o con ayuda de Vox; se presiente, al empezar la campaña, un leve descenso del PSOE y, con ciertas dudas, una subida del partido de Abascal. Se reafirma así la tendencia dibujada en Extremadura y en Aragón y el final del ciclo socialista en la política nacional. Se da por amortizado a Pedro Sánchez. El mayor interés en estas elecciones regionales está en la derecha. Se trata de comprobar la relación de fuerzas entre PP y Vox, que marcará el futuro de la nación. En Extremadura y en Aragón esta intrincada ecuación no se resolverá hasta que se resuelva la incógnita castellano-leonesa.

Las mayores dudas, al comienzo de la campaña en Castilla y León, están en Vox. En general, las encuestas le vienen dando por inercia una leve subida, que le acerca al 20 por ciento de los votos (en las últimas elecciones obtuvo el 17,6 por ciento), pero algunos sondeos empiezan a apuntar un parón o un descenso. Entre las razones de esta posible caída se indican las siguientes: Ya estuvieron en el Gobierno regional y dieron la espantada sin razón convincente; no se conoce aún el efecto sobre el electorado del clamoroso desacuerdo de Vox con la Iglesia católica; y el partido atraviesa, a escala nacional, una llamativa crisis con la marginación o expulsión de sus figuras en apariencia más valiosas, a las que Abascal aplica, de forma autoritaria, la idea leninista de que «el partido se fortalece depurándose». Se expulsa a los que tienen criterio propio y capacidad de liderazgo, dando la razón a Pedro López de Ayala: «Esta es Castilla, que hace hombres y los gasta».


© La Razón