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El Quijote perdido de mi infancia

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24.04.2026

La última vez que estuve en mi vieja casa de Sarnago, donde nací, en la que pasé la niñez y de la que soy el último superviviente, entré con temor, cautelosamente, porque amenazaba ruina. En el rápido recorrido por los cuartos agrietados, con las viejas camas de hierro desmanteladas, la despensa vacía con la artesa intacta, el cuartito del pasillo con el largo banco corrido y el balcón sin flores en las macetas, me detuve un poco más en la cocina, que era el refugio o santuario familiar, sobre todo en los inviernos interminables. Aún permanecía allí la cantarera. El techo ennegrecido seguía atravesado........

© La Razón