El húngaro y el español
Había hasta ayer dos gobernantes que iban por libre en la Unión Europea. Su comportamiento, tanto en política interior, amenazando los respectivos Estados de derecho, como exterior, comprometiendo la estrategia común, producía una gran inquietud en la organización comunitaria. Extremistas los dos , uno de derechas y otro de izquierdas, encabezan en Europa los correspondientes movimientos radicales: la extrema derecha y la extrema izquierda. Uno, el húngaro Víktor Orbán, cayó el domingo con estrépito por voluntad popular, a pesar del apoyo de Trump y de Putin. El otro, el español Pedro Sánchez, sigue todavía. Sin presupuestos ni apoyo parlamentario estable y repudiado por los socialdemócratas históricos, pero sigue. Se enteró de lo de Orbán en Pekín, mientras hacía negocios por su cuenta y riesgo con los dirigentes chinos en un momento delicado de la situación internacional.
La caída de Orbán ha sido una liberación y la noticia se ha acogido con euforia en Bruselas y en todas las cancillerías europeas. El Partido Popular se ha quitado una piedra del zapato. Y Vox queda desamparado, privado del apoyo político y financiero de los «Patriotas» húngaros. Se ha comprobado que Trump no es una buena compañía, sino todo lo contrario, y por unas cosas o por otras, parece que el impetuoso avance de la extrema derecha se ha frenado en seco. Eso apuntan las encuestas. En España lo comprobaremos pronto en Andalucía. Las purgas y peleas internas son indicios claros de una crisis latente, aunque por ahora nadie espera un derrumbamiento como ocurrió de la noche a la mañana con Ciudadanos o Podemos. Las graves tensiones internacionales empujan a la gente a la moderación. Y en el caso de Vox, sus titubeos e indecisiones a la hora del compromiso en los Gobiernos regionales están desanimando a una parte de su inestable electorado.
En Bruselas y en la mayor parte de los Gobiernos europeos habrá también un respiro de satisfacción, un volteo de campanas, cuando los españoles echen del poder al «progresista» Pedro Sánchez. Eso ocurrirá, como muy tarde, dentro de un año. Como en el caso de Víktor Orbán, habrá en España, cuando llegue ese día, una conjunción de fuerzas que acabarán con el «sanchismo». Entre los que contribuirán decisivamente a derrotar a Pedro Sánchez figurarán destacadas figuras del PSOE y de la izquierda moderada, que vienen manifestando su disconformidad, cada vez con mayor insistencia. Siempre hay gente honrada que renuncia al poder por sus principios. En ese caso, como dice Unamuno, «nadie debe cuidarse de lo que piensan de él los tontos, sean progresistas o conservadores».
