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El barco que nos retrata

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El crucero MV Hondius fondea cerca del puerto de Granadilla, a 10 de mayo de 2026, en Granadilla de Abona, Tenerife, Islas Canarias (España). / ÁLEX ROSA / EUEROPA PRESS

Hay en El desierto de los tártaros, del novelista Dino Buzzati, un mensaje para estos días. El teniente Giovanni Drogo es destinado a vigilar una remota fortaleza en los confines del imperio para ser el primero en avistar al ejército invasor y dar entonces la voz de alarma. Completamente solo allí, donde nada tiene sentido, el lector nota cómo el miedo al Otro y al qué pasará domina esa espera inútil, absurda, paralizante. Una vida absolutamente desperdiciada. Lo pensaba estos días mientras millones de personas veían acercarse a nuestras costas un barco que nos retrata. Un espejo en parte incómodo para quienes, infectados por el virus del populismo, han puesto la fraternidad en cuarentena. Sin embargo, también nos ha devuelto un reflejo de esperanza.

¿Quiénes somos cuando el miedo llama a la puerta?

Nuestra reacción ante quienes necesitan acogida urgente es un buen termómetro. A veces, si hay riesgo sanitario, emerge el reflejo temeroso del rechazo. Si hay migración, puede activarse el reflejo del cierre. Si hay pobreza territorial, aparece el conocido y egoísta mantra de “primero los nuestros”. Esa indigna “Prioridad Nacional” que ahora algunos, como en nuestros peores pasados europeos, están tratando de incrustar en las mentes y las agendas mediáticas. Como si la solidaridad fuera una concesión excepcional y no una obligación democrática. Un deber cívico. Una prioridad social.

El barco, ya digo, no es una anécdota; es un síntoma. España conoce bien esta tensión. La convivencia territorial está acechada demasiadas veces por una lógica de competencia y repliegue (tan poco federal). Lo vemos en el debate sobre la financiación autonómica, en la deslealtad fiscal de algunas autonomías, en el demagógico e inhumano reparto de menores migrantes........

© La Provincia