Permanencia
Vista aérea del centro de Londres / Agencias
Tendrán que disculparme, pero no me queda otra que volver a hablarles de Londres.
El otro día mi hija, la que tiene un estudio de urbanismo en Londres, me anunció que le habían aceptado, y por segunda vez, un trabajo para la Summer Exhibition de este año. Esta exposición se celebra en los tres meses de verano, y acoge pinturas, esculturas o proyectos de arquitectura de profesionales consagrados y del público en general, mediando una exhaustiva selección. Y se expone cada año en las imponentes salas de la Royal Academy of Arts, la Escuela de Bellas Artes lo más granado de la cultura artística del Reino Unido.
Pero no quiero escribir sobre dicha exhibición, que merecerá un artículo aparte, sino sobre un dato que la hace única. ¡Se viene celebrando ininterrumpidamente desde el año 1769!
Aunque ya puestos, la escuela donde hace poco fui a recoger a mi nieta, presume, y con razón, de haber sido fundada en el año 1620. Eso sí, se rumorea que su campo de críquet es posterior, ¡posiblemente tan reciente como 1790!
Y repasando visitas anteriores a Londres, sin ir más lejos con ocasión de no menos de media docena de finales de tenis que me he gozado en Wimbledon, por curiosidad rayando ya en el morbo, me he molestado en comprobar cuando se fundó el All England Lawn Tennis Club. Y resulta que aunque de entrada incluyera el croquet como deporte, los decanos campeonatos de tenis tuvieron su inicio en 1877. Como que desde entonces los ingleses los denominan “The Championships”, o sea “Los Campeonatos”, como si ningún otro evento tenístico mereciera la menor mención.
Podrían por lo menos tener en cuenta que el club de Tenis de Queen´s, en el centro de Londres, les hace la competencia desde 1886, por muy advenedizo que lo considere el arrogante A.E.L.Tennis Club de Wimbledon.
Pero es que esta tónica se reproduce en estamentos más pedestres o domésticos. Si por ejemplo quiere uno tomarse una cerveza en el pub más próximo, y yo si quiero, y además con cierta asiduidad, no necesito ir lejos, pues como es sabido Londres puede preciarse de un pub en casi cada esquina. Y resulta que el que me pilla más cerca no es de los más antiguos. Lo cual no quita que lleva ahí sirviendo pintas desde hace más de un siglo.
Por no meternos con la veteranía de los parques. Sin ir más lejos, los “Royal Parks”, o parques de iniciativa real, suelen ser espacios públicos, cedidos por los monarcas para disfrute de su pueblo ; por ejemplo Enrique VIII adquirió en 1532 los terrenos del futuro St. James´s Park, pero fue Carlos II el que lo rediseñó, abriéndolo al público un siglo más tarde. Y ya puestos a citar parques, no nos olvidemos de Richmond Park, creado por Carlos I en 1625 como parque de ciervos. Que todavía hoy día se pueden ver retozar - los descendientes, cuidado - a tan solo diez minutos de Londres en metro, por cierto.
Pues hasta aquí quería llegar. Es como si esta serenidad de lo intemporal, esa aparente inmunidad al paso del tiempo consiguiera contrarrestar la incertidumbre de los tiempos convulsos que nos ha tocado vivir. Porque tal permanencia en el tiempo, llámese arraigo, tradición o simple costumbre, constituye sin duda uno de los encantos intangibles a los que sucumben sin remedio los visitantes de esta gran ciudad.
