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Aena aterriza en la novela

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Los finalistas del premio Aena posan antes del fallo del galardón / Manu Mitru

La semana pasada Rufián declaró que prefería el TikTok a las bibliotecas. Causó inquietud. Poco justificada, porque cada año se venden más libros en España. Y librerías como la mítica Bernard o las Centrales (ya son tres), o incluso la apuesta de Finestres y de la catalana Ona, tienen el viento de popa.Este clima debe haber contribuido a que Aena, la sociedad gestora de los aeropuertos españoles y el primer gestor aeroportuario del mundo, haya apostado por un nuevo premio de narrativa hispanoamericana para libros ya publicados. Si hay compañías que apuestan por patrocinios deportivos, Aena ha marcado territorio con un premio literario. Aparte del Cervantes, que corona a un autor, y del oficial nacional de narrativa, existía desde hace muchos años el prestigioso Premio de la Crítica, otorgado por la Asociación de Críticos Literarios. Pero su nula dotación económica le ha hecho perder notoriedad.Pasa lo mismo con los premios a obras nuevas, donde la gran fuerza del Planeta (con premiados como Semprún, Mendoza, Vargas Llosa y Camilo José Cela) ha hecho perder relevancia a otros como el Nadal, de Destino, del mismo grupo Planeta. Por eso Maurici Lucena, presidente de Aena, que busca que el premio tenga la misma repercusión que el francés Goncourt, también a obras ya publicadas, ha decidido potenciarlo con un millón de euros. Como el Planeta. En España, el dinero cuenta. Y la idea de dotar con 30.000 euros a las otras cuatro obras finalistas -seleccionadas por un jurado presidido por Rosa Montero- y de comprar un importante volumen de libros para las bibliotecas -con permiso de Rufián- va a fomentar la difusión de obras publicadas por las editoriales y a asegurar el prestigio sociocultural del premio.La ganadora del primer premio Aena ha sido la argentina Samanta Schweblin con el libro de cuentos El buen mal, publicado por Seix Barral (Grupo Planeta). Y entre los cinco finalistas estaba Marcos Giralt Torrente, nieto de Gonzalo Torrente Ballester, con Los ilusionistas, publicado por Anagrama y que trata de la vida de sus abuelos. Curiosamente, Giralt Torrente ya había ganado con esta obra el Premio de la Crítica de 2025, y antes el Herralde.Aunque Aena ha irrumpido ahora, el patrocinio cultural no es nada nuevo en España. Ahí está, con mucha fuerza y desde hace muchos años, la Fundación La Caixa. Y el propio BBVA tiene el acuerdo con la Fundación Miró de patrocinar cada año una gran exposición. Pero que ahora entre con ganas una de las grandes empresas del Ibex-35 no está nada mal.Y que se haya elegido Barcelona para entregar un relevante premio a la literatura ehispanoamericana confirma tanto la capitalidad literaria como la pluralidad de una ciudad donde vivieron Vargas Llosa y García Márquez. Una Barcelona abierta, donde ya se entregan el Planeta y el Sant Jordi (a novelas en lengua catalana). Como acaba de decir Eduardo Mendoza: «hubo brotes de chaladura con el procés, pero Sánchez e Illa han convertido Catalunya en una balsa de aceite».


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