La singularidad de Canarias como excusa
Vista general del hemiciclo del Parlamento Europeo en su sede de Estrasburgo (Francia) . / PHILIPPE STIRNWEISS
Canarias es un territorio singular por razones evidentes, pese a que hay quien no termina de verlo así tanto dentro como fuera de las Islas. La lejanía geográfica, la fragmentación insular, la dependencia exterior y un encaje institucional específico dentro del Estado y de la Unión Europea son pruebas de esa especificidad.
Estas características han justificado históricamente políticas diferenciadas y mecanismos de compensación necesarios. Sin embargo, con el paso del tiempo, la excepcionalidad canaria ha pasado de ser un argumento legítimo a convertirse, en no pocas ocasiones, en una explicación automática para casi cualquier problema en la gestión pública.
El riesgo no está en reconocer la singularidad, sino en utilizarla como coartada para no abordar reformas pendientes, de manera que se termina por diluir el valor real de la excepcionalidad.
El problema aparece cuando la excepcionalidad pasa a ser un relato omnipresente que diluye las responsabilidades de la administración pública"
El problema aparece cuando la excepcionalidad pasa a ser un relato omnipresente que diluye las responsabilidades de la administración pública"
Instrumentos como el Régimen Económico y Fiscal (REF) o las políticas europeas de región ultraperiférica han sido claves para el desarrollo de Canarias. Han permitido durante años importantes inversiones, compensaciones y oportunidades que, sin ese reconocimiento, no habrían sido posibles.
Negar este marco sería injusto y poco riguroso. El problema aparece cuando la excepcionalidad deja de ser una herramienta y pasa a ser un relato omnipresente que diluye las responsabilidades de la administración pública ya que se pasa así de la explicación de lo que ocurre a un automatismo con el que se justifica todo.
Sede de la Comisión Europea en Bruselas. / LP/DLP
Sí. Con demasiada frecuencia, dificultades administrativas, retrasos en la ejecución de proyectos o déficits en los servicios públicos que se prestan a los canarios se explican recurriendo a la lejanía, la insularidad o la complejidad territorial. Estos factores claro que existen, pero no explican por sí solos la falta de planificación, la lentitud burocrática o la ausencia de evaluación, entre otras carencias que padece la ciudadanía.
Cuando la excepcionalidad se convierte en una respuesta automática, se reduce el espacio para el análisis crítico y la comparación con otras realidades similares. Y surge el riesgo de crear una cultura política acomodada.
Apelar constantemente a la singularidad puede generar una cultura política laxa, donde los problemas se perciben como inevitables y, por tanto, poco susceptibles de solución. Este enfoque debilita la exigencia ciudadana y normaliza resultados mediocres. Además, dificulta la innovación administrativa: si los problemas se consideran estructurales e irresolubles, no hay incentivos para cambiar la forma de gestionar los intereses generales.
El relato de la excepcionalidad, aunque sea del todo cierto, ha contribuido, en algunos ámbitos a reforzar una lógica de dependencia de ayudas y compensaciones. Si bien necesarias, el riesgo es que sustituyan a políticas orientadas a fortalecer capacidades propias, diversificar la economía y mejorar la eficiencia institucional. La singularidad no debería ser un límite al cambio, sino un punto de partida para diseñar soluciones más inteligentes y adaptadas.
La excepcionalidad canaria es real y debe ser reconocida, pero no puede convertirse en una explicación permanente de las disfunciones públicas"
La excepcionalidad canaria es real y debe ser reconocida, pero no puede convertirse en una explicación permanente de las disfunciones públicas"
Canarias no es el único territorio con desafíos estructurales. Otras regiones insulares o ultraperiféricas han desarrollado modelos administrativos más ágiles y estrategias de desarrollo con resultados desiguales, pero comparables. El Colegio de Economistas acaba de publicar un informe que revela el retroceso del Archipiélago respecto a otros territorios de la ultraperiferia de Europa. Incorporar la comparación como herramienta de aprendizaje ayudaría a romper el aislamiento del relato excepcional y a identificar buenas prácticas transferibles.
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La excepcionalidad canaria es real y debe seguir siendo reconocida. Pero no puede convertirse en una explicación permanente de las disfunciones públicas. Reconocer los condicionantes no exime de mejorar la gestión. La singularidad explica el contexto; la calidad de la administración explica los resultados.
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