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Canarias: ¿Crecimiento sin bienestar?

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29.03.2026

Cartones que sirven de refugio a personas sin hogar en Canarias. / Juan Carlos Castro

Canarias experimenta una evolución económica que, a primera vista, podría calificarse como positiva. Los datos reflejan un aumento del PIB, una mejora del empleo y un fortalecimiento del turismo como pilar fundamental de la economía regional. Sin embargo, la población no percibe que estos avances contribuyan de forma clara a su bienestar general. Existe la sensación de que el crecimiento no llega a sus vidas cotidianas, lo que evidencia una desconexión entre las cifras macroeconómicas y la realidad social.

Los principales indicadores económicos suelen utilizarse para evaluar la salud de una economía. Y en el caso de Canarias, muestran una tendencia favorable. No obstante, estos datos presentan limitaciones importantes. No muestran cómo se distribuye la riqueza generada. Es posible que la economía crezca mientras una parte de la población apenas percibe mejoras en su día a día. En Canarias, muchos hogares enfrentan dificultades para cubrir gastos básicos, lo que pone en cuestión la calidad de ese crecimiento.

La dificultad para independizarse, adquirir una vivienda o planificar un proyecto de vida a largo plazo se ha convertido en una realidad común para buena parte de los jóvenes"

La dificultad para independizarse, adquirir una vivienda o planificar un proyecto de vida a largo plazo se ha convertido en una realidad común para buena parte de los jóvenes"

El coste de la vida aumenta. La vivienda experimenta incrementos significativos que dificultan el acceso a la compra y al alquiler. A esto se suman los precios de otros bienes y servicios que afectan al poder adquisitivo de los ciudadanos. Aunque los indicadores macroeconómicos sean positivos, la capacidad de consumo y ahorro de las familias se ve reducida.

Esta situación afecta especialmente a los jóvenes, quienes encuentran mayores obstáculos para acceder a empleos bien remunerados y estables. La dificultad para independizarse, adquirir una vivienda o planificar un proyecto de vida a largo plazo se ha convertido en una realidad común para buena parte de esa generación.

La desigualdad no solo se mide en términos de ingresos, sino también en posibilidades de acceso a servicios y oportunidades. La educación, la sanidad o las infraestructuras pueden presentar diferencias que acentúan esta brecha social. Todo eso contribuye a una percepción de que el crecimiento económico beneficia de forma desigual a la población al favorecer a determinados grupos mientras otros quedan rezagados.

Más allá de las fluctuaciones económicas, el caso de Canarias pone de manifiesto la existencia de problemas estructurales en su modelo de desarrollo. La fuerte dependencia del turismo, aunque ha sido una fuente clave de ingresos, también ha generado vulnerabilidades. La especialización en sectores de bajo valor añadido limita el potencial de crecimiento de los salarios y reduce las oportunidades de diversificación económica. Sin una apuesta decidida por sectores más innovadores y productivos, resulta difícil mejorar las condiciones laborales.

La falta de coordinación, planificación a largo plazo o adaptación a las necesidades reales de la población puede limitar el impacto de las políticas públicas"

La falta de coordinación, planificación a largo plazo o adaptación a las necesidades reales de la población puede limitar el impacto de las políticas públicas"

Otro elemento relevante es la eficacia de las políticas públicas. Aunque existen herramientas para redistribuir la riqueza y corregir desigualdades, su implementación no siempre logra los resultados esperados. La falta de coordinación, planificación a largo plazo o adaptación a las necesidades reales de la población puede limitar su impacto.

En este contexto, centrarse exclusivamente en los indicadores macroeconómicos puede llevar a una visión incompleta de la realidad. El verdadero reto no consiste únicamente en crecer, sino en garantizar que ese crecimiento se traduzca en mejoras tangibles para la mayoría de los ciudadanos. Esto implica repensar el modelo económico, promover una distribución más equitativa de la riqueza y fortalecer los mecanismos que aseguren el bienestar social.

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El crecimiento de Canarias plantea una cuestión fundamental: ¿es suficiente crecer si ese crecimiento no mejora la vida de las personas? La respuesta parece clara. El desarrollo debe medirse no solo en cifras, sino en la capacidad de ofrecer oportunidades, reducir desigualdades y garantizar calidad de vida a la población. Solo así es posible recortar la brecha entre economía y bienestar.

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