Semáforos que se inclinan ante los vehículos
Nuestro diario vivir puede implicar prisas. Aunque no todas son iguales. Hay prisas que viajan con aire acondicionado, música y vidrio arriba; y hay otras que se sienten bajo el sol, la lluvia y el polvo, con el cuerpo expuesto y la paciencia en la mano.
En el cruce que veo casi todos los días, camino al trabajo, el semáforo parece tener una vocación clara. La de consentir al vehículo. Siempre hay tiempo de sobra para que pasen los carros, como si la ciudad estuviera diseñada para que ellos avancen sin culpa, mientras el peatón aprende a calcular, en menos de 14 segundos, si alcanza a cruzar o si mejor resigna la dignidad y espera otro ciclo completo.
Y ahí está la ironía urbana. Los carros avanzan cómodos, pero quien camina debe correr. El vehículo tiene........
