Una escuela sin alumnos
Hace poco inició el año escolar en todas las escuelas del país y los escolares vuelven a pintar la escuela con su policromía de alegría y entusiasmo. Atrás quedan las vacaciones, las fiestas navideñas, el regocijo del Año Nuevo y todas las manifestaciones de asueto que nos ha traído este merecido y gratificante descanso. El regreso de los niños es un acontecimiento nada menor y representa, sin duda alguna, el motor que le da sentido a la educación. Habitar la escuela sin ellos es casi como contemplar un cuerpo sin vida: su ausencia se constituye en una palpable expresión de frío, de soledad, de tonalidades grises y oscuras que retratan una escuela sin alma.
No alcanzo a entender por qué hay profes que evitan a toda costa el encuentro con sus estudiantes; añoran los paros, las asambleas, los permisos y todo tipo de delegaciones y comisiones que, en todo caso, no permiten el encuentro con sus alumnos. Llegan incluso a publicar........
