De la burla al desprecio, por Rafael Díaz Blanco
En los inicios del Socialismo del siglo XXI el chavismo gobernante hablaba del “proceso”. Entonces, el proyecto político que ejecutaban respondía a una ensalada ideológica de ingredientes tan variados como el militarismo, el revolucionarismo, el marxismo, el bolivarianismo, y una buena dosis de populismo y resentimiento social. Con frecuencia, al destacarse, a veces unos y más tarde otros aspectos de sus contradictorios aderezos, se confundía fácilmente al observador que solo veía incoherencias entre pensamiento y acción. En realidad, lo contradictorio eran las ideas de Chávez que unida a la superficialidad de los escasos intelectuales que lo rodeaban, hacían del proceso una revolución imposible.
Desde los primeros años, la popularidad de Hugo Chávez, el deterioro de los liderazgos, aunado al empobrecimiento de la mayoría, alimentó las irreversibles demandas de cambio existentes permitiendo al gobernante desarrollar con éxito una estrategia de miedo que inhibía a importantes sectores nacionales. Así, Chávez avanzaba en su contradictorio proyecto político, a la par que iba tomando el control del Estado y sentaba las bases de una estructura represiva, en un ambiente de permanentemente confrontación que rechazaba toda posibilidad de acuerdo y consenso. Rápidamente, los adversarios se esfumaban, se subordinaban o simplemente convertidos en enemigos del proceso, de la patria, de la revolución “bonita”, eran destruidos.
Muy pronto, Hugo Chávez dispondría de los más grandes........
