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Maxim Ross: Riesgos económicos y políticos de la Venezuela petrolera

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23.01.2026

Por el camino que vamos, y por las noticias que se originan adentro y afuera, todo parece indicar que el quid pro quo de una modificación en el sistema de sanciones será económico y no político, en especial por la insistente defensa de las inmensas ventajas que le reportaría a Venezuela una inyección de capitales extranjeros en la industria petrolera. Sin lugar a dudas, obtener millares de millones de dólares para rehacer la tragedia de PDVSA y elevar la producción del crudo y el valor de las exportaciones, tienen una repercusión indudable en la depauperada economía y la sociedad venezolana. 

Los beneficios.

En ese sentido, hay personas que están defendiendo los beneficios de una nueva apertura petrolera, pero focalizándose en  “una sola cara de la moneda” y no en la otra. Desde luego el PIB global aumentará y el per cápita también. Al gobierno le ingresará más dinero y PDVSA, quizás, vuelva a convertirse en el emporio que fue. Algunos grandes capitales criollos se beneficiarán por una menor o mayor apertura a participar, dependiendo de que se modifique o no la legislación vigente. 

Sin embargo, un esquema de esas características, la alianza entre capital petrolero internacional y el Estado venezolano, que en buena medida repite nuestra historia pasada, nuestra Venezuela Petrolera, tiene estas ventajas, pero tiene riesgos importantes que deben ser considerados, cuando el petróleo se vuelva a convertir en el único sostén de toda la economía como fue hasta ahora.

El petróleo como único sostén.

Estaría demás argumentar sobre este punto, porque todos sabemos la importancia y el peso que ha tenido en Venezuela, en especial como nuestro único proveedor de divisas, cual es su rasgo particular y el más relevante a los fines de estas notas. Sirvió, prácticamente solo, de soporte de nuestro país en los años que van de los 30s hasta los 50s, poniéndolo a crecer a tasas insospechadas. Luego, las reformas iniciadas en los 60s cambiaron en algo esa dependencia, en tanto que se creó una primera base industrial que, si bien tuvo un peso mayor en la estructura económica,  no logró  el impulso necesario para sustituirlo como el gran proveedor de divisas. A final de cuentas, las exportaciones y los ingresos petroleros siempre representaron un porcentaje elevado del total, el cual podría colocarse en un promedio del orden del 90% en todos los años. El aumento de los precios internacionales a mediados de los 70s reprodujo la Venezuela enteramente petrolera y el país se acostumbró a vivir con ingresos crecientes y extraordinarios, hasta que estalla la crisis de los años 80s, con las consabidas repercusiones económicas y políticas que tuvo.

 No aprendimos la lección y lo volvimos a colocar en el centro de nuestro universo y nunca pudimos sustituirlo por otra fuente de riqueza similar, especialmente porque cuanta crisis aparecía y exigía un cambio fundamental en la estructura económica, “apertura tras  apertura” resolvían la coyuntura. Tiempo después, tampoco aprendimos la lección cuando el gobierno que se inicia en 1999 lo hizo el vértice del bienestar, para luego culminar en los aprietos que vivimos hoy. 

Pareciera entonces, obvio y evidente que la economía del petróleo como único sostén tiene un patrón de conducta que debemos examinar y no repetir. Su típica característica de hacernos mono-productores y mono-exportadores nos hace excesivamente dependientes del “oro negro” y de........

© La Patilla