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El dilema venezolano: Institucionalidad o colapso, por Luis Manuel Aguana

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26.01.2026

Por años, la Alianza Nacional Constituyente Originaria (ANCO) ha intentado explicar sin éxito los alcances y los beneficios al país de un proceso constituyente originario en diferentes contextos políticos que ha vivido Venezuela, desde la creación de la norma constituyente en la Constitución vigente.

Pero un proceso constituyente transparente, limpio, verdadero, con la representación legítima de todos los sectores de la vida nacional, no solo los políticos. Y que ellos, reunidos, tomen las decisiones necesarias, por encima de los poderes públicos constituidos, porque sería el pueblo y solo el pueblo, el legítimo dueño de la soberanía popular de los venezolanos, el único que puede decidir qué hacer con el país.

Esa ha sido la invocación honesta de un grupo de venezolanos que, en todo el país, sin intereses escondidos, han prestado su concurso para convencer de este concepto al país nacional, de que sea el pueblo el que decida su porvenir. Ni la oposición, ni el gobierno, ni los partidos, solo el pueblo venezolano llano de todas las corrientes políticas y sociales. No es tan difícil de comprender.

Pero esta Asamblea, la madre de todas las reuniones políticas, tendría el más alto poder sobre cualquiera de los poderes públicos, capaz de hacerlos desaparecer y reconstruirlos con otro funcionamiento, y disponer de un nuevo balance de poder dentro del país.

Un grupo de personas con semejante poder es temido por mucha gente, en especial por aquellos que han usufructuado el presente status quo, tanto quienes están en el poder como quienes lo pretenden desde la oposición, en especial cuando ambos se han coludido para beneficiarse de los venezolanos.

En ANCO decidimos emprender el difícil camino de convencer a los ciudadanos directamente de lo que Bolívar tenía clarísimo, y que deliberadamente colocamos al final de cada comunicado que publicamos, y que en sus propias palabras expresó en una carta al general Santander en 1826: “En una palabra, mi querido general, yo no conozco más partido de salud, que el de devolver al pueblo su soberanía primitiva para que rehaga su pacto social. Vd. dirá que esto no es legítimo: y yo, a la verdad, no entiendo qué delito se comete en ocurrir a la fuente de las leyes para que remedie un mal que es del pueblo y que sólo el pueblo conoce”.

En otras palabras, que sea el mismo pueblo el que componga........

© La Patilla