Luis Alberto Perozo Padua: La fortuna de Juan Vicente Gómez y el destino de los bienes tras su muerte
Durante décadas se repitió que el dictador murió dejando una fortuna gigantesca, incluso estimada en 200 millones de dólares. Pero detrás del mito existía una realidad más concreta: un vasto imperio de haciendas, negocios petroleros, casas, concesiones y empresas extendidas por gran parte del país. Después de su deceso en 1935, el Congreso venezolano ordenó la confiscación de sus bienes y su administración por el Estado. La historia de esa fortuna revela cómo se construyeron algunas de las mayores riquezas políticas de Venezuela
El general Juan Vicente Gómez tenía una costumbre que sorprendía a muchos visitantes de sus haciendas en Maracay. Mientras conversaba con empresarios, diplomáticos o políticos, solía señalar con la mano hacia el horizonte y decir con naturalidad: “Todo eso es mío”.
En más de una ocasión, quienes lo escuchaban creían que se trataba de una exageración del viejo caudillo. Pero bastaba recorrer los alrededores para comprobar que, en efecto, aquellos potreros, hatos y plantaciones pertenecían al hombre que gobernó Venezuela durante veintisiete años.
Cuando Gómez murió el 17 de diciembre de 1935, comenzó a circular una pregunta inevitable en el país: ¿cuánto dinero había acumulado el dictador durante su largo dominio del poder?
El mito de los millones
Las cifras que comenzaron a circular tras su fallecimiento fueron tan desmesuradas como contradictorias. Algunos periódicos y comentaristas hablaban de una fortuna cercana a los 200 millones de dólares, una cantidad extraordinaria para la época.
Otros cálculos más prudentes, realizados cuando el Estado comenzó a revisar el patrimonio del gomecismo, redujeron la cifra a unos 100 millones de bolívares, equivalentes aproximadamente a 20 millones de dólares según el tipo de cambio vigente en 1936, que era de 3,09 bolívares por dólar.
En cualquier caso, se trataba de una de las mayores fortunas personales que había existido en Venezuela hasta entonces. Sin embargo, la investigación oficial reveló algo importante: la riqueza de Gómez no estaba guardada en cofres ni escondida en bancos extranjeros.
Su fortuna se encontraba principalmente en tierras, haciendas, propiedades urbanas, concesiones y empresas. Era, más que una fortuna líquida, un gigantesco entramado de bienes productivos repartidos por buena parte del territorio nacional.
Las haciendas del dictador
El verdadero núcleo del poder........
