La estima del venezolano, por Juan Guerrero
Por estos tiempos andar por el mundo enseñando el pasaporte venezolano resulta cuando menos riesgoso, por no decir vergonzoso. Esto porque la humillación al ser venezolano ha sido tan dantesca, que hemos terminado aceptando la tragedia nacional como algo inevitable. Esto, sin embargo, habría que aclararlo para entender semejante afrenta al alma nacional.
Termino de releer las Memorias de un venezolano de la decadencia de José Rafael Pocaterra, (Valencia, 1889-Montreal, 1955). Libro testimonial que refiere el paso del célebre autor de Panchito Mandefuá, por las mazmorras del fortín San Carlos, en Zulia, castillo de Puerto Cabello, en Carabobo, y la prisión de La Rotunda, en Caracas, durante las dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. El libro inicia en 1889, con el ascenso de Cipriano Castro y los andinos en el poder y cierra con la muerte de Juan Vicente Gómez, en 1936.
Resulta insólito observar la actualidad de semejantes acontecimientos de finales del siglo XIX y principios del XX, con las evidencias que se viven en la Venezuela del siglo XXI. Nada o muy pocas cosas han cambiado en el tratamiento que sobre los derechos humanos el Estado venezolano ha mantenido en el transcurso de poco más de siglo y medio para preservar la dignidad de los presos políticos y en general, de los ciudadanos en Venezuela.
Leer la obra de Pocaterra es conocer cuanta tragedia carga en sus hombros la sociedad venezolana por la barbarie que ha significado el uso del poder en manos de sus gobernantes. El abuso del poder relatado desde la experiencia del autor, quien vivió en carne propia las humillaciones, vejaciones y torturas de ese tiempo, son una constante en el dibujo de una........
