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La Otra Cara: La estirpe de los inadaptados: el caudillismo liberal y nacionalista antigomecista (I), por José Luis Farías

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22.03.2026

I. El rumor de los que no se rindieron

No sin cierta vergüenza —una vergüenza leve, casi cómica, como la que se siente al ser sorprendido en un acto de nostalgia del que uno ya debería haberse curado— debo confesar que fue en esas horas muertas de la madrugada, cuando el país duerme y solo los fantasmas se atreven a caminar, que volví a preguntarme por aquellos hombres. Esa estirpe de inadaptados que, contra toda razón, contra toda posibilidad, contra la evidencia misma de la derrota, decidieron enfrentarse al poder más sólido que había conocido Venezuela.

Porque no rendirse, en ellos, no era un simple acto de terquedad. Era una forma de estar en el mundo. Una manera de habitar la existencia que se nutría de fuentes más hondas que el cálculo político o la ambición de poder. No rendirse era, para estos hombres, la única respuesta posible a la pregunta por la dignidad. Era la convicción —no siempre consciente, no siempre formulada, pero siempre presente— de que hay cosas que un hombre no puede aceptar sin dejar de ser lo que es. La libertad, sí. La justicia, también. Pero sobre todo, algo más íntimo, más difícil de nombrar: la fidelidad a sí mismo, el pacto secreto que cada uno hace con su propia sombra, la promesa de no traicionar eso que se es aunque el mundo entero se empeñe en demostrar que esa fidelidad es inútil.

¿De qué se nutría ese espíritu? Se nutría, en primer lugar, de la memoria. De esa memoria larga que los venezolanos parecemos haber perdido, esa capacidad de recordar no solo las fechas y los nombres, sino el olor de las derrotas, el peso de las humillaciones, la textura de las esperanzas frustradas. Ellos recordaban. Recordaban la Venezuela que había sido antes de Gómez, la de los generales liberales y los caudillos federales, la de las montoneras y los alzamientos. Recordaban a sus padres y abuelos contando historias de guerras que parecían epopeyas. Y ese recuerdo les impedía aceptar el silencio como forma de vida.

Se nutría, también, del resentimiento. Pero no........

© La Patilla