Irán y Venezuela: fin al narcoterrorismo (última parte), por Gustavo Tovar-Arroyo
Un soldado “desconocido” como testigo
Fue en 2006 cuando el “soldado desconocido” –un aliado militar que nos facilitó información confidencial del chavismo y nos ayudó a penetrar en las fauces “secretas” de la vinculación entre Irán y Venezuela– nos advirtió que la suerte estaba echada y que Hugo Chávez había decidido ponerse en manos de los Ayatolas. Sorprendidísimo de lo que me revelaba pregunté: “¿Qué? ¿De los Ayatolas? ¿De los iraníes? ¡No puede ser! ¡Creo que estás desvariando! ¡Imposible! ¿Qué tienen que ver los ayatolas con Venezuela? ¡Nada!”
Pero la realidad se imponía, pactos entre Chávez y Jamenei, fábricas de drones, carros, construcción, mujeres iraníes con sus burkas por doquier en Venezuela; cada día más cercanos al terrorismo.
El plan de Nasser y Aissami comenzó a tomar vigor en la tierra de Bolívar y Miranda, Chávez nos había entregado.
Guapos y apoyados
Tareck William Saab, Aissami, Makled, El Troudi, Kabboul, Alex Saab, Khalil, Ghazi Nasr Al-Din, de pronto la política venezolana estaba atiborrada de nombres y figuraciones árabes. Ya no era sólo Simón el Árabe, Carlos el Chacal o Carlos Saidam Aissami, eran centenas de ellos en puntos clave de la criminalidad, del poder político, de la diplomacia, de la economía, eran alianzas petroleras, comerciales, religiosas; eran pasaportes entregados a terroristas; eran “venezolanos” formando parte del ataque a los Torres Gemelas en........
