El reconocimiento, por @ArmandoMartini
La notificación de la administración estadounidense a un tribunal federal, reconociendo a Delcy Rodríguez como jefa del Estado venezolano, es recibida como una jugada táctica. Y lo es. Sin embargo, minimizarla, es ingenuo. En realidad, enclaustra un principio profundo, la imputación ética y moral, además de la política, donde no hay gestos inocentes.
Reconocer, no es solo otorgar estatus, es, ante todo, colocar sobre sus hombros el peso del deber. ¡Reconociéndote, te responsabilizo! Más allá del trámite, el movimiento de Washington encierra una pregunta esencial, tan filosófica como práctica. ¿Quién responde, a partir de ahora, por el destino de Venezuela?
La filosofía política, desde la dialéctica hegeliana del reconocimiento hasta la tradición republicana de la rendición de cuentas, nos enseña que este acto transforma la naturaleza de la deuda política, crea una relación, otorga, pero exige reciprocidad. No basta ser reconocido, hay que demostrar su justificación.
Quien es reconocido deja de ser una sombra difusa en el entramado burocrático del Estado para convertirse en interlocutor con rostro y, por tanto, alguien a quien exigir.........
