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Antonio de la Cruz: La neutralización del Niño Guerrero

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17.06.2026

Durante años, Venezuela fue descrita como una crisis política, una tragedia económica o un conflicto ideológico. Todas esas etiquetas captaban fragmentos de la realidad, pero ninguna lograba explicarla por completo.

Lo esencial estaba ocurriendo en otro lugar.

Lejos de los discursos oficiales, de las campañas electorales y de las cumbres diplomáticas, el país comenzó a transformarse en silencio. En territorios donde el Estado dejó de ejercer el monopolio de la fuerza, surgió otro tipo de orden. Uno donde organizaciones criminales asumieron funciones propias de un gobierno: cobrar “impuestos”, impartir justicia, controlar fronteras y regular la economía cotidiana.

Ahí, en esa Venezuela paralela, se redefinió el poder.

Por eso, la neutralización de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, el Niño Guerrero, líder del Tren de Aragua, no es solo la caída de uno de los criminales más notorios de América Latina. Es una señal. Una que apunta a un cambio mucho más profundo: la reconfiguración del poder real en Venezuela.

El Tren de Aragua dejó de ser hace tiempo una banda criminal convencional. Evolucionó hasta convertirse en una estructura transnacional con presencia en múltiples países, capacidad logística sofisticada y control territorial efectivo. Tejió vínculos con redes de contrabando, sicariato, trata de personas, minería ilegal y narcotráfico. En el sur del país, incluso, convivía con grupos armados colombianos, organizaciones brasileñas y actores del circuito ilegal del oro.

Pero lo verdaderamente revelador no es que estas organizaciones existieran.

Es que prosperaran durante tanto tiempo.

Las........

© La Patilla