Alfredo Álvarez: La crisis de los Infuencers
La crisis política y económica venezolana actual configura un caso inédito en la literatura de las transiciones. Un presidente extraído por la fuerza el 3 de enero por actores militaresextranjeros, seguido de la imposición de figuras del mismo régimen que intentan maquillar una continuidad autoritaria como si fuera una transformación democrática, sin hoja de ruta ni ruptura real visible. Al mismo tiempo, la oposición democrática encarna de manera bastante nítida el sentimiento mayoritario del país, pero permanece excluida del núcleo donde se toman las decisiones estratégicas del poder, reducido a una mesa cerrada entre élites civiles y militares del viejo orden. Esa combinación -ruptura forzada sin cambio de proyecto, continuidad de élites sin legitimidad y una mayoría democrática relegada a la periferia institucional- coloca a Venezuela fuera de los modelos clásicos de transición pactada o colapso de régimen, y abre un escenario híbrido, frágil y profundamente incierto
¿Qué duda cabe? La crisis venezolana tiene múltiples formas de expresarse y manifestarse. Obviamente, que la llamada “cuestión económica” es determinante y la gran crisis política que la secunda, es determinante. Inflación, devaluación, servicios públicos precarizados, DDHH vulnerados, censura mediática, ausencia de un estado pleno de deeccho, son todos, parte del mismo diagnóstico. La fractura en lo estructura económica es relevante, pero de todos los factores que allí confluyen destaca una gran crisis de credibilidad y legitimidad en los factores del poder-gobierno. La erosión del ecosistema informativo y la decreciente confianza en las instituciones, la preponderancia de las redes sociales y la participación de los denominados influencers, configuran un cuadro crítico, inestable, ambiguo, confuso y de una imprecisa conclusión.
La indignante pobreza del discurso público, una condición que imponen estos genios de la comunicación digital, caracteriza por igual la precarización política y la existencia de un relato difícil de sostener de cara la coyuntura del país-despojo en que nos han convertido. La pobreza de su discurso, no es más que el reflejo de misma pobreza de ideas que siempre les acompañó, y que, a base de emociones mal administradas, alcanzaron una incierta relevancia, mucho más emparentada y condicionada con la direccionalidad de los algoritmos del odio, que de aquella razón que pueda suministrarles su fe política. Más que ideología, los influencers exhiben con muy poco pudor, una singular religión mística, un acto fallido que se agota más por falta de carburante cognitivo, que por elaboración intelectual.
La inminente “crisis de los influencers”, ese padecimiento de opinión pública que nos aqueja, nace de un ecosistema digital sin reglas. Un universo paralelo donde figuras sin responsabilidades claras ocupan espacios de liderazgo político y emocional. En Venezuela, personajes como Michelo, Mario Silva o Indira Urbaneja encarnan esa deriva. No son funcionarios, pero actúan como brazo comunicacional del poder, mezclando propaganda, show y pseudoanálisis. Profundizan la perturbación de una oposición ya de por si muy fragmentada.
No es un problema local.
Al mismo tiempo, en la esfera internacional, una influencer que construyó su identidad como ferviente defensora de Donald Trump y hoy es una de sus principales detractoras, nos muestra el otro lado de la moneda. La lealtad no está anclada a principios, sino a conveniencia, visibilidad y mercado. Ashley St. Clair es una influencer de MAGA radical, ahora convertida en la nueva ex-influencer de MAGA radical. Conocida también por haber tenido un hijo con Elon Musk en 2023, es estudiante universitaria y tiene 27 años.........
