El duelo como dignificación
La fidelidad de un recuerdo no se mide por su precisión histórica, sino por su capacidad de salvación. El cerebro no deforma por engaño; recrea por amor y por dignificación. En ese proceso silencioso configura un legado que honra a quienes ya no están, gracias a ese aprendizaje temporal que llamamos duelo.
Cuando mis padres fallecieron, comencé a preguntarme por el duelo y la memoria. Del primero aprendí, parafraseando a Juan David Nasio, que el duelo es el tiempo que necesitamos para aprender a vivir y amar de una manera distinta a quien ya no está. De la segunda, leyendo a Paul Ricoeur, comprendí que la memoria no es un simple depósito de recuerdos; es la mediadora indispensable entre el tiempo y la identidad, el tejido solemne que impide que la vida se reduzca a una sucesión de instantes que se desvanecen y permite convertirla en una historia con sentido.
Según Ricoeur, para habitar el pasado sin sucumbir a la "ilusión retrospectiva de la fatalidad" (esa emboscada melancólica que nos hace........
