Paralelos de la historia…
La voz sabia de los profetas, y los mitos, pregonan que lo esencial no pudo dejar de ser lo que era, que debe resurgir intelectual -y espiritualmente- para intuir el eco de una verdad que peregrina desde la eternidad.
Que la historia es un reloj circular de emociones y señala los aposentos donde se van a alojar los sucesos -o las personas- que superaron los desafíos, o los enigmas, con los que el azar reta la fragilidad mortal.
Que la vida es el teatro donde los sueños juegan cuando el destino les otorga un poco de espacio, y de tiempo, para holgar su ocio y tomar las cuerdas titiriteras de una humanidad que, mientras tanto, presume de soberbia.
Que el pasado es un espejo prodigioso de lo que fue presente alguna vez, así como el viento retorna a sus huellas oteando el mar, o la corriente de los arroyuelos sedimenta sus arenas finas en las orillas más bonitas.
Que hemos sido indiferentes a las lecciones de la memoria, las cuales deben ser la génesis de un homenaje al saber con un acto de fe creativo -no pasivo-, para estar en la historia y no llegar a ella tan desprevenidos.
Que nuestras tradiciones son el exorcismo racional para analizar lo que ocurrió, adaptarlo a la actualidad, prevenir nuevas consecuencias y engendrar un futuro en el cual los contrarios se concilien con sensatez… y en paz.
Que las civilizaciones sólo evolucionan cuando su jerarquía moral se fortalece con el refinamiento de las costumbres, los valores y el respeto, destilando las tensiones y las ansiedades de poder que las desconciertan.
(Y, en paralelo, que cada uno de nosotros debe pensar así, para refugiarse en la intimidad de sus propias leyendas…)
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