La Zamora que se fue
Despoblación. Vecinos, niños y perros paseando por el pueblo. Corrales del Vino, provincia de Zamora / Emma V. Díaz / LZA
Hay mapas que mienten. Uno abre un plano de la provincia, ve nombres perfectamente impresos, carreteras finas como cicatrices, líneas azules que parecen tranquilas… y piensa que todo sigue ahí. Pero no. Hay pueblos que ya no están. O mejor dicho, están sin gente. Que es una forma más honda de desaparición.
En Zamora sabemos de eso. Basta acercarse a la zona de los Arribes para entender que el paisaje humano no siempre coincide con el geográfico. Cuando se construyó el embalse de Salto de Aldeadávila, aunque la presa esté ya en la provincia vecina, su influencia alcanzó de lleno a comarcas zamoranas. Lo mismo ocurrió con Salto de Ricobayo, en el Esla. El agua trajo luz eléctrica, progreso industrial, energía para media España. Y también desplazamientos. Casas anegadas. Tierras fértiles bajo el agua. Vecinos obligados a rehacer su vida unos kilómetros más arriba. O a muchos más.
Hay pueblos que literalmente se movieron. El caso de Argusino es casi simbólico. Sus habitantes tuvieron que abandonar el núcleo original por la construcción del embalse de Almendra. El pueblo quedó........
