El Mercado y la Villa
Separados por poco más de cinco quilómetros, el Mercado del Puente y la Puebla de Sanabria ejemplifican muy bien los efectos que para los territorios rurales tuvo la llegada de la modernidad a lo largo del siglo XIX. Si con ambas localidades construimos un triángulo en el que el tercer vértice sea por ejemplo San Juan de la Cuesta hacia el oriente, o Santa Colomba de Sanabria hacia el occidente, veremos cómo, en un microespacio de menos de quince quilómetros cuadrados, los resultados de la llegada del Estado moderno fueron muy diferentes y tuvieron consecuencias que aún perduran en el tiempo.
Comencemos por la Villa sanabresa: un castro amurallado y poderoso que se levanta sobre el Tera y que vigila el corredor natural que une la llanura benaventana con las portillas que dan acceso al sur de Galicia. Puebla ha sido el poder desde que tenemos registros escritos: no sólo porque ahí estuvo durante siglos instalada la guarnición militar. Su poderoso castillo, con el Macho al frente, fue erigido por los Benavente para recordarle —a los monjes de Castañeda en particular y a todos los de la contorna en general— quién mandaba en el país. En algún momento entre el Barroco y la Ilustración, aquel castillo pasó a manos de la Corona y fue la base, junto con el desaparecido fuerte de San Carlos, de la defensa de la frontera contra el vecino portugués. A partir de los años treinta y cuarenta del siglo XIX a la Puebla llegó el Estado moderno: llegó el notario, llegó el registrador, llegó el juez y llegó la Guardia Civil, entre otros actores, todos ellos como herramientas para hacer presente al Leviatán en todo el territorio. Por eso Puebla es, desde hace décadas, la presencia más notoria del Estado en toda la región........
