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Mandato electoral

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13.03.2026

Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. / José Luis Roca

Si hay un titular que en los últimos tiempos está siendo portada de todos los medios de comunicación, entre otros, es el que hoy reproduzco: “PP y VOX están condenados a entenderse”.

Así debería ser, pues el mandato electoral que han dejado en las urnas los ciudadanos que ya han acudido a votar en las elecciones extremeñas y aragonesas, recientemente celebradas, y que, puede ser, sea también el que dejen en las que tendrán lugar aquí, en Castilla y León, el próximo día 15, y un poco más adelante en Andalucía, va por ahí; es decir, va porque PP y VOX se pongan de acuerdo para poder gobernar unidos en todos y cada uno de los lugares en que la suma de los votos alcanzados por ambas  formaciones políticas sea mayor que la resultante de sumar los logrados por el resto de formaciones. Por eso, o PP y VOX se entienden, o en las comunidades donde no se puedan entender habrá que volver a las urnas, lo cual sería señal de lo poco maduros que están, políticamente hablando, algunos de los que lideran tales formaciones.  

Aunque la lógica nos induzca a pensar que, de los porcentajes de votos alcanzados por los diferentes partidos en las elecciones que ya han tenido lugar, y de los que las encuestas vaticinan para los comicios que aún no se han celebrado, no se pueda desprender otra cosa que no sea que PP y VOX deben ponerse de acuerdo para intentar propiciar la conformación de gobiernos de ideología liberal conservadora; viendo cómo se están comportando algunos de sus líderes, puede ser que sus votantes se enerven y les pongan las peras al cuarto llamándoles al orden, para que dejen de buscar protagonismos que no vienen a cuento y se sienten a negociar, lo que sea menester, puesto que, hoy por hoy, lo único que han dejado, y muy probablemente puede que sigan dejando claro las urnas es que PP y VOX deben evitar que Sánchez y los suyos sigan emponzoñando la política nacional.

Si Feijóo y Abascal no fuesen capaces de llegar a acuerdos tal vez más pronto que tarde, y con razón, muchos de sus votantes se decanten por pasar de ellos

Si Feijóo y Abascal no fuesen capaces de llegar a acuerdos tal vez más pronto que tarde, y con razón, muchos de sus votantes se decanten por pasar de ellos

Si Feijóo y Abascal, y por ende quienes fueron o serán sus candidatos en las respectivas comunidades, no fuesen capaces de llegar a acuerdos que permitan la investidura de quien ganó o pueda ganar en las urnas,  tal vez más pronto que tarde, y con razón, muchos de sus votantes se decanten por pasar de ellos, porque no es de recibo la irresponsabilidad con que se están comportando.

Lo razonable sería que, en las comunidades donde las elecciones vayan dejando un mandato similar al que ya han dejado en Extremadura y en Aragón, PP y VOX confronten los programas con que hayan podido concurrir a las mismas y se pongan de acuerdo para redactar uno común que recoja cuantas medidas pudieran compartir, dejando para una negociación posterior, o incluso al margen, aquellas en las que no se puedan poner de acuerdo, de momento. Aunque parezca un disparate intentar dar forma a un programa de gobierno que no abarque todos los temas que más tarde o más temprano haya que abordar, dado que hay que elegir entre ponerse en marcha o dar marcha atrás, puede que sea más razonable lo primero, si es que no se quiere defraudar a los electores y entrar en la deriva de la ingobernabilidad, lo cual solo beneficiaría a quienes están encantados con el enfrentamiento que hoy mantienen a nivel nacional Feijóo y Abascal.

Tanto los líderes nacionales del PP y de VOX, como los que puedan haber encabezado, o vayan a encabezar las candidaturas de ambos partidos en las elecciones autonómicas, deben saber que jugar con fuego les puede quemar; razón por la cual toca aparcar las diferencias, aplicarse y tratar de ir avanzando en aras de los consensos que el día a día pueda propiciar.

Teniendo presente que todos cuantos se presentan a unas elecciones deben saber respetar, interpretar y hacer valer los resultados de las urnas, quienes puedan llegar a obtener los mayores porcentajes de votos, siendo conocedores de cuál es la realidad nacional (ausencia de mayorías para poder gobernar en solitario, salvo excepciones),  por sentido de la responsabilidad deben saber también que es momento de conjugar al unísono los verbos analizar, comprender, ceder y acordar, si es que quieren comportarse con verdadera altura de miras y prepararse para combatir al enemigo común, que no es otro que el “sanchismo”, en todos los terrenos en que les pueda tocar pelear. Es momento de guardar la soberbia en el cajón y de buscar consensos para no defraudar a esa España que espera pacientemente la vuelta al espíritu que hizo posible la Transición: el espíritu de la cordura, la transparencia y la responsabilidad. 

Esperando que la política de consensos entre iguales, o parecidos, sirva para dar por amortizado lo de “las dos Españas”, y ello permita que la clase política pueda recuperar algo del crédito perdido a raíz de los pactos antinatura que han sido la constante de los gobiernos de Sánchez, toca apostar por la unidad de España; por la vida, la libertad y los valores de la familia; por una sanidad, una educación, una justicia y una fiscalidad iguales para todos; por políticas sociales que, siendo una garantía para los más desfavorecidos, abran el abanico de posibilidades a todo el que quiera esforzarse por mejorar su situación; por políticas económicas y laborales  que incentiven tanto a emprendedores como a asalariados; por políticas que protejan al sector primario, para que no decaiga, y eso sirva de incentivo a los que les gustaría trabajar en el campo, en el mar, en la minería… sin que ello sea en detrimento de su progreso personal y el de sus familias…

Señoras y señores que aman la política y quieren lo mejor para España, es momento de que dejen de pelearse y se unan en beneficio de todos cuantos queremos vivir en paz y deseamos que nuestros hijos y nuestros nietos puedan vivir, al menos, como nosotros hemos vivido.


© La Opinión de Zamora