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De la euforia a la "normalidad"

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12.04.2026

Un grupo de turistas junto a la iglesia de San Isidoro. / ALBA PRIETO

A juzgar por datos, opiniones, reacciones y valoraciones, la pasada Semana Santa ha sido todo un éxito. Tratándose de Zamora, lo del fervor, el recogimiento, la devoción y el silencio garantizan todos los años parte de ese éxito. Las dudas, pocas, suelen centrarse en el número de visitantes y en los llenos y recaudaciones de hoteles, restaurantes, bares, cafeterías y demás. Parece que, en el 2026, también ha habido un gran éxito en este apartado, que mide, asimismo la repercusión de la Pasión y Muerte de Cristo en la actualidad y devenir de toda una ciudad. Se habla de 250.000 asistentes, de aceras a rebosar, de calles donde no se podía dar un paso, de aparcamientos saturados, de dificultades para caminar por determinadas zonas… en fin, de incomodidades que no empañan el éxito y que son inherentes a él.

Es el problema de las ciudades con fama como la zamorana. Llega la masificación (no sé cómo se dice ahora, que se inventan, o copian, palabras nuevas para todo). En bastantes pueblos de esta provincia y de esta región se pueden ver estupendas, bellas y sentidas procesiones y ceremonias religiosas sin andar a codazos para estar en primera fila o desesperados por hallar un sitio donde dejar el coche. Y en estos lugares, también se palpan, y presumen de ello, fervor, devoción y religiosidad. Unos sitios con apretones y casi ahogos y otros con mucho espacio para ver los pasos. La modernidad es lo que tiene, entre otras cosas, desequilibrios bestiales e ilógicos que, sin embargo, ya hemos admitido como normales.

¿Cómo no ser pesimista o, al menos, escéptico, pese a que aquí parezca que andamos a otras cosas, o sea, a darle mucha más importancia a las cuestiones caseras, aunque nuestro futuro se está dilucidando muy lejos?

¿Cómo no ser pesimista o, al menos, escéptico, pese a que aquí parezca que andamos a otras cosas, o sea, a darle mucha más importancia a las cuestiones caseras, aunque nuestro futuro se está dilucidando muy lejos?

Y, hablando de normalidad, el lunes retornó ésta a nuestras vidas y a la existencia de Zamora. Se fueron los que vinieron de vacaciones o de turismo y aquí quedamos los de siempre (o casi siempre) con nuestras zozobras, nuestras inquietudes, nuestros problemas, nuestras ilusiones y, claro, nuestros miedos. Sí, miedos, porque el panorama mundial es aterrador, aunque la Semana Santa lo haya tapado o camuflado durante unos días. Y es aterrador porque no hay forma de parar unas guerras, que, de momento, solo están favoreciendo a Netanyahu, que sí sabe lo que quiere y, desgraciadamente, cómo lograrlo. Los bombardeos, los misiles, los drones, las muertes, el bloqueo del Estrecho de Ormuz nos han hecho olvidar lo que sigue sucediendo en Ucrania o la destrucción sistemática de Gaza. Continúan ahí sin visos de solución a corto plazo. ¿Cómo no ser pesimista o, al menos, escéptico, pese a que aquí parezca que andamos a otras cosas, o sea, a darle mucha más importancia a las cuestiones caseras, aunque nuestro futuro se está dilucidando muy lejos?

Hemos vuelto a la "normalidad" y, en esta tierra, esto significa que aun tenemos pendientes los grandes problemas que nos afectan casi desde que el mundo es mundo. Para mí, y creo que para mucha más gente, el más grave sigue siendo el de la despoblación, que suele agravarse, sentimentalmente hablando, en periodos como la Semana Santa y el verano. Se llenan (o casi) los pueblos estos días y se vacían (o casi) el Lunes de Pascua. (Los de Madrid suelen irse algo antes por aquello de los atascos, que ya nos lo sabemos de memoria). ¿Y mientras tanto? Pues, eso, que no se corta la hemorragia, que no se frena la sangría, que las autoridades anuncian y anuncian, pero.. y que no hay forma de que se pongan de acuerdo (Gobierno central, Junta, diputaciones, ayuntamientos) para abordar en serio este problemón. Es posible que yo me ponga pesado con este asunto (y llevo años así), pero es imposible soportar la agonía de tu tierra sin alzar la voz. Cuando me duelen estas heridas, acostumbro a recordar a Miguel Delibes cuando decía que "hemos matado y enterrado Castilla sin siquiera hacerle un funeral". La frase sigue vigente aunque ahora se hable mucho de la España despoblada, la España vaciada o como queramos llamarla. Los adjetivos pueden cambiar, la esencia no.

Así que volvemos a la "normalidad". ¿Hasta cuándo continuará siendo "normal" esto?

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