La especulación
Una vivienda en alquiler. / Esteban Alarcón
Ha caído en mis manos el libro "La oscuridad de la razón. Mitos, creencias y monstruos en la cultura occidental", de Marcos Fernández García. El título me atrajo tanto que no dudé un segundo en añadirlo a la compra que estaba haciendo el viernes en mi librería habitual. El autor plantea que la razón no elimina los temores, sino que los moldea, los amplifica y les da nuevas formas. El miedo aparece así como una constante histórica que atraviesa religiones, mitologías, folclore y supersticiones, y que define, todavía hoy, cómo nos relacionamos con el mundo. Por ejemplo, en la página 207 se lee:
"Pese a la realidad objetiva, las experiencias personales y las noticias transmitidas por los medios tienen una gran presencia en el sentir general. Así lo ha apreciado un estudio realizado por la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en donde se constató que alrededor del 42 % de los españoles teme la okupación de su hogar. Definida por el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, como un ‘negocio del miedo’, la okupación es, en realidad, un fenómeno marginal: de los 26 millones de viviendas existentes en España, solo un 0,05 % están okupadas, y para que consten como tales debería tratarse de viviendas no habitadas, es decir, que no constituyan un espacio habitual de residencia. Por supuesto, esta situación no solo ha servido como método de enriquecimiento de determinados sectores de la población, ya sean económicos, políticos o sociales, sino también como forma de ocultación del verdadero problema de base: el cada vez más difícil acceso al mercado inmobiliario".
¿Qué les parece? Yo pienso que es un ejemplo que sirve para aclarar los miedos infundados que se han construido alrededor de un problema que numéricamente es irrisorio. Sin embargo, algunas ideologías están interesadas en construir un relato imaginario a costa de la verdadera realidad. Porque, según dicen los expertos, el problema de la vivienda no es la okupación sino la especulación; es decir, comprar terrenos, viviendas o edificios con el objetivo principal de venderlos o alquilarlos a un precio mucho mayor en poco tiempo, aprovechando la revalorización del suelo o mejoras en la zona, sin buscar el uso o disfrute de la propiedad. Y las consecuencias ya se conocen: 1. Aumento de precios y, por tanto, dificultades para el acceso a la vivienda asequible para la población. 2. Gentrificación y desplazamiento de residentes originales de barrios populares por otros de mayor poder adquisitivo. 3. Viviendas vacías y retención de inmuebles sin habitar a la espera de un mayor precio.
Si algunos lectores despotrican contra el autor de estas líneas, no pasa nada: están en su derecho. No obstante, si fuera así, no estaría mal que previamente se lea de nuevo el artículo 47 de la Constitución Española de 1978, que dice: "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos".
Ya ven que lo dice la Constitución Española, no yo. Y por último: no olviden que el miedo es un "negocio" que genera réditos políticos y económicos. Por tanto, dejemos de mirar el dedo (la okupación marginal) y miremos la Luna (el mercado inmobiliario tensionado por la especulación).
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