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Perdónalos Madre mía

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14.04.2026

Mural de Nuestra Madre vandalizado

A diferencia de la frase pronunciada por Jesucristo desde la cruz, según el Evangelio de Lucas, "perdónalos, porque no saben lo que hacen", la expresión que yo utilizo no representa un acto de amor, misericordia y perdón incondicional hacia quienes han vandalizado el mural de Nuestra Madre en Zamora. Muy por el contrario, a pesar de solicitar también el perdón de Dios, que no el de los hombres, para esa caterva de cobardes e indocumentados que se amparan en las sombras de la noche para actuar no sólo contra el patrimonio histórico, sino también contra los sentimientos religiosos.

Nuestra Madre y su mural constituyen no solo un bien artístico, son mucho más, son un símbolo de profundo valor devocional. No es la primera vez que los responsables cubren y alteran lo rostros de las figuras sagradas. No habrá dos sin tres. De ahí la necesaria instalación de cámaras por todas las esquinas del callejero zamorano a ver si eso les hace desistir de sus afrentas. De no ser así, que sus rostros queden retratados para siempre en los archivos policiales.

Las pintadas son un mal mayor que todos los zamoranos debemos soportar sin que se haga nada para evitarlo. De poco sirve engalanar Zamora con plantas, con flores, con preciosos murales, si unos cuantos destruyen el arte y el espíritu que emana de estos últimos. Vale ya de darles cancha y actúen contra quienes sean. En este caso puede que no haya ideología, pero sí hay delito de escarnio religioso tipificado en el Código Penal. A la autoridad competente no puede temblarle la mano a la hora de actuar contra quienes repiten una y otra vez estas fechorías imperdonables. Da la casualidad de que estos sí saben lo que hacen y se emplean a fondo. De ahí que ni misericordia ni perdón.

Pues claro que hay un "dolo específico" o ánimo directo de ofender en este tipo de salvajadas que deben ser consideradas, sin lugar a duda alguna, como delitos. Estoy hasta el moño de que insulten, ofendan y agredan los sentimientos religiosos de los católicos que somos la mayoría ciudadana. No podemos callar de forma cómplice. Hay que denunciar y actuar en consecuencia. Hay quienes se empeñan en que nuestra fe siga "clavada en una cruz y escarnecida" por las constantes afrentas de los canallas.

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